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MATERNIDAD

Sheila Heti  

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Fragmento

Nota adicional

En este libro, todos los resultados del lanzamiento de las monedas son el resultado de lanzar al aire monedas reales.

 

Solía contemplar el mundo desde una gran distancia, o no lo contemplaba en absoluto. Por encima de mí pasaban a cada instante pájaros que no veía, nubes y abejas, el rumor de la brisa, el sol que me daba en la piel. Vivía tan solo en el mundo grisáceo e inanimado de mi mente, donde intentaba discurrir acerca de todo y no llegaba a ninguna conclusión. Deseaba disponer del tiempo necesario para articular una cosmovisión, pero nunca lo encontraba; además, por lo visto quienes la tenían la habían forjado de jóvenes, no la habían empezado a los cuarenta. Sabía que la literatura era lo único en lo que una persona podía estrenarse a esa edad. Si a los cuarenta se iniciaba en la literatura era posible que la calificaran de joven. En todo lo demás yo era mayor, todos los barcos habían zarpado del puerto, mientras yo todavía me dirigía a él, y en realidad ni siquiera sabía cuál era el mío. La niña que se alojaba en nuestra casa —tenía doce años— me hizo ver, más que nadie, mis limitaciones: mi debilidad, mi sumisión, mis nimias rebeldías; sobre todo, mi ignorancia y mi sentimentalismo. Cuando entré en la sala de estar por la mañana, había medio perrito caliente en la mesa. Lo confundí con un plátano. Luego comprendí que era demasiado mayor para este mundo, que la niña me había superado con toda naturalidad y seguiría haciéndolo. Mi única esperanza consistía en transformar el panorama grisáceo y turbio de mi mente en algo concreto y sólido, separado por completo de mí, lograr incluso que no fuera yo. Ignoraba qué sería esa forma sólida y qué contorn

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