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MEMORIAS TERGIVERSADAS

Jorge Asís  

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Fragmento

A manera de prólogo

OLVIDOS SELECTIVOS

Desde antes de iniciar la peripecia literaria, nuestro autor planificaba componer un libro de memorias. De “olvidos selectivos”, lo anunciaba. Evocaciones tendenciosas, selectivamente tergiversadas.

(A través de la tercera persona, el narrador omnisciente describe engañosamente la trayectoria del sujeto que memoriza, desde afuera. Con frontales intromisiones.)

Al alcanzar los fronterizos 70 años, decide cumplir con el proyecto.

Prefiere centralizarlo, arbitrariamente, en Madrid, la ciudad que llegó a detestar. Probablemente cuando comprobó, a destiempo, que no podía radicarse. Exilio voluntario de los 80. Cuando su apellido remitía a las proscripciones internas. Se sentía maléfico, acabado en su país.

En efecto, vivía a contramano.

Cuando una parte considerable de los colegas (que nunca lo reconocieron) debieron salir para el exilio, sin mayores inconvenientes pudo quedarse en Buenos Aires (ciudad que llegó a detestar casi tanto como Madrid).

Pudo, incluso, lo más grave, consagrarse durante el quinto año de la Dictadura Militar. Cuando se había asesinado, a canilla libre.

El éxito, en definitiva, lo condenaba. Perdía. Se quedaría solo. Acostado.

Después del penúltimo entusiasmo de Malvinas, la Dictadura se desmoronaba. Con la democracia recuperada volvían los colegas exiliados.

Como si no fuera suficiente, recibía aún más espaldas. La factura de reproches por haberse consagrado.

Para coronar la antología de equivocaciones, y legitimar la caída escalonada, dos años después iba a escribir Diario de la Argentina. Y para colmo hasta se editaría. 1984.

Diario es probablemente el libro que lo va a sobrevivir. Para aquel tiempo era también el libro más inoportuno de su historia. El más grande error editorial. El disparate táctico que le anticipa el lugar estratégico de reconocimiento en la posteridad. Para cuando esté frito. Pero la bobada no conforma.

A partir de Diario, en la Argentina ya nada le quedaba para hacer. Al menos como escritor. El Gran Diario lo sepultaba para siempre, aunque insistiera con obras que no le interesarían casi a nadie. Tal vez a Lorette, que indagaba para componer su propia biografía y quiso conocer hasta la geografía del Hostal Lauría, donde padeció su desventura perdonable.

Después de publicar el novelón, le restaba soportar o irse. Los radicales alfonsinistas se compraban el conflicto. Pensaban que, si le daban aire al proscripto de Asís, el Gran Diario reaccionaría contra ellos.

Expulsado de la literatura, durante la celebración cotidiana de la democracia, nuestro autor decidía “impulsivamente” rajar. A contramano. A contrapierna.

¿Por qué elegir Madrid?, la ciudad donde nunca tuvo suerte.

Y no por ejemplo París. Ciudad ideal para recomponerlo, cinco años después. Cuando renació por la política. Nunca por la literatura.

En París actualmente suele retirarse para producir las obras tal vez superiores pero que ya interesan menos. Hasta, incluso, estas Memorias tergiversadas que prologo. Para coronar la trayectoria.

La epopeya módica del vendedor domiciliario que llegó a ser best seller, luego un acostado que vivía en la lona y más tarde un Señor Embajador (Artículo Quinto). Por último un analista político, “formador de opinión”. Pero portaba la carga del novelista arrinconado que pulía los recuerdos.

Durante el invierno europeo, suele huir de las esperpénticas ojotas del verano porteño. Pantalones cortos que hacen que diciembre, en Buenos Aires, resulte insufrible.

Las evocaciones de referencia tampoco pueden organizarse desde Buenos Aires. Ciudad donde produjo las novelas iniciales que merecen considerarse. Cuando era el intelectual rescatable, que se abría el camino a los braguetazos. Por prepotencia de trabajo, para citarlo al siempre vigente Arlt. Son los libros que merecen leerse, cuentos imperfectos pero intensos, contenidos por la mítica hemingwaiana del vitalismo. Cuando el memorista que tergiversa era menos culto. Literatura que generó el conflicto existencial solo importante para el sujeto.

El litigio se extiende hasta la posteridad. O sea hoy.

Cuando el memorista que tergiversa es el irritante septuagenario que en el fondo quisiera rendirse. Pero es tarde. No se rinde más. Ni siquiera se jubila porque detesta contemplar el mundo con la parsimonia tensa del jubilado.

Cuando supone engañosamente haberse despojado de las imposturas artificiales que signaron su relato personal.

Cree que todo le importa definitivamente nada. Se encuentra en las condiciones ideales para contarse. Recrearse. Novelarse. Desde Madrid, tranquila capital de provincia, que supo contenerlo en la totalidad de sus identidades.

Vaya el texto como mero resumen preparatorio del compilado final. Anticipación innecesaria que se presenta como prólogo del libro que probablemente no vaya a publicarse nunca.

OBERDÁN ROCAMORA

Buenos Aires, octubre de 2016

I

POR LAS FLORES

Puerta de Alcalá. 1981, Hotel Alcalá, setiembre

LA CULPA POR la trascendencia. Aquí se registra el paso por Madrid del “condenado por exitoso”. En el período artificialmente “ejemplar”.

Remite al “condenado por desconfiado”, de Tirso de Molina.

Contradictoria actualidad del celebrado autor de Flores robadas en los jardines de Quilmes. Ahora acababa de salir Carne picada. Segunda obra de la trilogía “Canguros” (que sería una tetralogía, porque

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