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NUNCA ES DEMASIADO

Fernando Samalea  

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Fragmento

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Penguin Random House

A los jóvenes

La infancia es un don que solo algunos privilegiados logramos mantener intacto.

FERNANDO NOY

No me gano la vida, me gano la eternidad.

MARTA MINUJÍN

En cierto modo, la vida es como el jazz. Es mejor cuando se improvisa.

GEORGE GERSHWIN

Palabras preliminares

Cuando pienso en mi amigo Fernando, mi mente no produce de inmediato una imagen clara. Primero distingo, en los recodos inestables de mi memoria, cada vez menos vivos, un ser esbelto, con bigote, la mirada viva y risueña, subiéndose en una moto de cilindrada más que consistente, quien, entre risas y gritos, me arroja un “Pero por favor” antes de perderse en la noche porteña. Sama, para mí, es la vida. Es todas las vidas que me hubiera gustado tener. Su presencia es similar a la de un pintor, un escultor, un cineasta o un gran viajero. Luego, el cerebro focaliza e inmediatamente me viene el sonido de su redoblante, como un corazón que al latir hace caer un rayo. Y también el poder de su bombo, que recuerda a veces la furia del viento y a veces, la de la tierra. Después surgen los recuerdos y el sonido de su bandoneón expresionista o cubista, según estemos de día o de noche, en Europa o América Latina, enamorados o no. Sama, finalmente, es este gran viajero, el que espero que cruce mi frontera el mayor tiempo posible. Eso es, un músico muy grande.

Quand je pense à mon ami Fernando, mon cerveau ne produit pas immédiatement une image nette; je distingue d’abord, dans les méandres instables de ma mémoire de moins en moins vive, un être svelte, moustachu, le regard vif et rieur, enfourchant une moto d’une cylindrée plus que conséquente qui entre rires et cris, me lance un “pero por favor” avant de disparaître dans la nuit porteña. Sama, pour moi, c’est la vie. C’est toutes les vies que j’aurais aimé avoir. Sa présence est semblable à celle d’un peintre, d’un sculpteur, d’un cinéaste ou d’un grand voyageur. Puis le cerveau fait le point et me revient immédiatement le son de sa frappe de caisse claire, telle un cœur qui bat en faisant tomber la foudre. Aussi, la puissance de sa grosse caisse, qui rappelle la fureur du vent et de la terre parfois. Surgissent ensuite, les souvenirs et le son de son bandonéon expressionniste ou cubiste selon qu’on soit le jour ou la nuit, en Europe ou en Amérique latine ou qu’il soit amoureux ou plus. Sama, pour finir, c’est ce grand voyageur qui je l’espère viendra passer ma frontière le plus longtemps possible. C’est ça un très grand musicien.

BENJAMIN BIOLAY

Letra y música de carreteras

Los trágicos griegos escribían sus fábulas en trilogías y, al final, cuando ya todo estaba consumado, les entregaban a sus espectadores un drama satírico para relajar los temibles azotes del destino. En el caso de Fernando Samalea, el tercer tomo de sus memorias comprueba que el músico y escritor va por la vía inversa: la tríada que da cuenta de los ritmos de su existencia está escrita con los golpes de la felicidad. El autor se instala en el nuevo milenio con una suerte de triunfal travesura y de celebración eterna: la trilogía satírica del rocanrol. Nunca es demasiado tiene la gran ventaja de que Samalea ya ha arrojado sus cartas en los tomos anteriores. De aquí en adelante se dedica a encontrarse a sí mismo, sin romper en ningún momento el lazo que lo une a sus amados amigos y maestros.

Convertida la escritura en un ritual, Samalea se ha propuesto mantener estructuras similares en sus libros: diez capítulos con sus respectivos subtítulos. Tapas con la imagen de su autor mirando a cámara mientras vemos el tiempo que pasa. Y, para mi satisfacción plena, el pequeño prólogo firmado siempre por un discreto colombiano que mira desde la distancia las hazañas de su cómplice. Ha pasado muy poco tiempo desde el día en el que su autor se decidió a darle la largada a su ambicioso proyecto literario. Doy fe de que todo comenzó a tomar forma en 2011, cuando visité por primera vez Buenos Aires y, gracias a una pregunta, una risa y un buen título (Qué es un long play) Samalea se puso en marcha. Pero, por supuesto, escribir no es un asunto de buenas intenciones ni de epifanías inesperadas. Esa misma noche, cuando el futuro autor de estos tomos consideraba un “¿y qué tal si…?”, aparecieron los textos del pasado. Fernando fue sacando, poco a poco, cientos de recuerdos atesorados por años, reflexiones sobre amigos, conciertos, viajes, amores y aventuras, donde la música reinaba y la palabra lo llenaba de aplausos. Los libros venían escribiéndose desde mucho tiempo atrás.

Los dos primeros tomos de sus recuerdos salieron de un solo impulso y puedo asegurar, como testigo de la aventura, que el presente tercer tomo ha sido una extensión sin demasiadas dudas, hijo del impulso inicial. De alguna manera, aquí se cierra el círculo: en el capítulo tercero del presente libro se cuenta la inmersión en The Prostitution, el viaje a la sabiduría del Emperador Charly García, tras su breve temporada en el infierno y los sesenta cañonazos musicales en el Gran Rex para la celebración de sus primeros sesenta años. Por aquellos días nació la idea de estos textos. Fueron tres noches (por lo visto, todo en Samalea se mide en compases de tres) prodigiosas, vividas como aquel que decide visitar el cielo y Dios lo recibe con todos sus ángeles en armonía. En la tercera jornada se dio un acontecimiento sagrado: 11 de noviembre de 2011. Es decir, el 11/11/11. Cuando García se dio cuenta de lo que le deparaban los números ordenó: “A las 11 y 11 debemos estar tocando”. Y así fue. Un cronómetro gigante, a la vista del público, detrás del escenario, ilustró el paso del tiempo y, a la hora señalada (el concierto había empezado a las 8 en punto), García, los mineros, los gánsteres y los maniquíes interpretaban a tope una versión inolvidable de “Los dinosaurios” (no quedó en la caja denominada 60 × 60, una lástima). Entre velada y velada, Samalea fue gestando las ideas para que se diera el impulso. Y a fe que lo ha logr

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