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PASAJE AL FUTURO

Santiago Bilinkis  

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Fragmento

Escribir un libro probó ser una tarea mucho más difícil de lo que jamás imaginé. No sólo para mí, sino también para todos los que me acompañaron pacientemente en este proceso.

Quiero agradecer primero a Flor Cambariere, mi editora de Random House, que supo que dentro de mí había un libro antes de que yo mismo lo supiera, y confió en mí de manera incondicional. También a Walter Duer, que me ayudó con los primeros manuscritos y la estructura.

El contenido que van a leer fue revisado por un grupo extraordinario de gente, que sabe muchísimo de cada uno de los temas del libro y me regaló generosamente su tiempo y comentarios para enriquecerlo. Ellos son Diego Golombek (Biología y Neurociencia); Alejandro Nieponice y Fernando Polack (Salud y Extensión de la vida); Tristán Beckinschtein y Luciano Sposato (Neurociencia); Santiago Ceria (Computación y Educación); Axel Rivas (Educación); Wenceslao Casares (Tecnología); y Gerry Garbulsky, Emiliano Chamorro, Mariel Colomino, Mariano Bilinkis, Yamil Santoro y Natalia Bilinkis (visión general). Un agradecimiento especial para Andrei Vazhnov, que sabe absolutamente de todo y revisó el libro completo en su primera versión. Dado que no les hice caso a todo lo que me dijeron, cualquier error que haya quedado es enteramente culpa mía, por “cabeza dura”.

Agradezco también a Seth Shostak de SETI, que sin saberlo desde su genial podcast “Are we alone?” alimentó mi interés por estos temas y me recibió afectuosamente cuando tuve la mágica oportunidad de visitar su instituto. Y también a Pablo Brenner, que de manera casual hizo que descubriera Singularity University, experiencia que transformó mi vida.

Finalmente, un agradecimiento muy especial a mi mamá, Inés Hercovich, gran escritora y editora que corrigió pacientemente todo el texto. Otro a mis hijos, Julieta, Ezequiel y Nicolás, que soportaron decenas de fines de semana con su papá semiausente escribiendo. Y a mi esposa, Cynthia Frenkel, ¡que hizo esas cosas y muchas más! Aceptó que me fuera tres meses de casa para estudiar en Singularity, leyó y corrigió pacientemente todo lo que escribí, sobrellevó mi ausencia y también lidió con mi presencia, en esos días en que anduve con el humor alterado por el desafío de escribir. Más allá del libro, es también la gran compañera de todas las aventuras de mi vida.

EL SHOCK DEL FUTURO

Si sentís que estás viviendo en una película que se mueve en cámara rápida y te resulta un desafío permanente mantenerte al día, no estás solo en esa sensación. Vivimos en un mundo que nos sepulta de información. De acuerdo con Eric Schmidt, presidente del directorio de Google, si reuniéramos todo el conocimiento generado desde el inicio de la civilización humana hasta el año 2003 tendríamos 6 exabytes de datos. Actualmente, generamos ese mismo volumen de información cada… dos días. Según un informe reciente de IBM, el 90 por ciento de toda la información existente en el mundo fue creada en los últimos dos años.

En el minuto que te tomó leer el párrafo anterior, se subieron más de 100 nuevas horas de video a Youtube, se cargaron algo menos de un millón de tweets, se compartieron en Facebook varios millones de posts, se mandaron decenas de millones de Whatsapps y cientos de millones de correos electrónicos.

En apenas treinta años pasamos del enorme desafío de encontrar información relevante, porque el acceso era escaso y difícil, al enorme desafío de encontrar información relevante, porque el volumen de datos disponible es tan grande que se hace casi imposible hallar lo que buscamos.

En muchos sentidos, el presente se nos presenta como una carrera imposible de ganar. Los esfuerzos que hacemos para mantenernos actualizados apenas alcanzan para no quedar demasiado detrás de los acontecimientos.

Si, por ejemplo, estudiaste medicina, durante el transcurso de tu carrera debés haber leído varios miles de páginas para aprender lo necesario para ejercer la profesión. Pero obtener el título es sólo el comienzo: actualmente se publica un número de papers tal que para estar al tanto de todo el conocimiento que se genera tendrías que volver a cursar el equivalente a una carrera completa cada unos pocos días.

Nuestro cerebro, prodigioso resultado de miles de años de evolución en un mundo infinitamente más simple, empieza a verse desbordado por el desafío de lidiar con un contexto tan diferente a aquel para el cual fue “moldeado”. El resultado de tanto exceso de estimulación es una caída notable en nuestra capacidad de concentración.

En un intento por lidiar con la pé

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