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QUE LA CIENCIA TE ACOMPAñE

Agostina Mileo

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Fragmento

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Penguin Random House

A mi abuela Alma, quien le cosió los disfraces

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a todas las mujeres que imaginé ser.

A mi mamá Silvia, que armó un mundo

en el que fui todas ellas.

Y a mi hermana Antonella, que fue la secuaz

ideal para cada una.

Prólogo
DE REPENTE, LAS PROTAGONISTAS DEL CUENTO SON MUJERES

Puños alzados con uñas pintadas en colores vibrantes, tetas al descubierto, pañuelos verdes, banderas arcoíris… En el último tiempo, estas imágenes que fueron transformando el paisaje público e interviniendo las rutinas de millones de personas, se convirtieron en la nueva iconografía de una revolución que conquistó las calles y puso en la agenda pública un debate que venía adormecido. Desde la primera manifestación Ni Una Menos en junio de 2015 hasta hoy, han proliferado los espacios en que nos juntamos a debatir, tejer alianzas, pensar y construir otra sociedad, a combatir y desarmar las estructuras machistas que nos oprimen. En esta marea nació también Economía Femini(s)ta, un proyecto que lanzamos entonces con un par de colegas para mostrar que la desigualdad tiene género, que la pobreza tiene rostro de mujer y que, si queremos un mundo igualitario, la ciencia, el Estado, la política, la economía, la educación, necesitan su dosis de feminismo.

Las rectas paralelas se cruzan en el infinito, dicen por ahí. Y en ese infinito en donde confluyen el activismo nerd y el activismo feminista nos encontramos con Agostina Mileo. Desde hace un tiempo, muchos científicos venimos trabajando, con más dedicación que recursos, en democratizar el acceso al conocimiento. Así como el feminismo avanza para incluir e igualar, las y los científicos de esta generación empezamos a experimentar con otros formatos de producción, difusión y debate para salir de los estrechos, antiguos y cada vez más anacrónicos muros de la academia. Las redes sociales son uno de los espacios en donde confluimos a la hora de hacer lo que nos gusta: desmitificar los saberes, inspirar a otras personas a que se animen a investigar, o discutir con colegas de la misma u otras disciplinas sobre temas que nos apasionan. En ese ciberespacio cargado de ganas de cambiar las cosas, el proyecto de Economía Femini(s)ta y el de Agostina se encontraron y, con medias brillantes y zapatos plateados, se pusieron a caminar juntos para cambiarlas de verdad.

Cuando una persona hace el ejercicio de pensar un científico o economista, lo primero que viene a su cabeza es un varón. En el caso del científico, casi siempre es un tipo despeinado, con cara de estar resolviendo ecuaciones, delantal y tubo de ensayo. Incluso, si queremos modernizarnos, un nerd de los de The Big Bang Theory, sin empatía, incapaz de relacionarse con la gente “común”. O el fumón de Silicon Valley. Y el economista, más formal y con corbata, discutiendo de inflación o bonos, de cómo hacer pilas de dinero. Pero siempre son varones. Ellos son los portadores del saber. Para nosotras, en el sentido amplio del nosotras, también es un desafío reconocernos como interlocutoras. De repente, las protagonistas del cuento son mujeres. Mujeres que, además, comparten en vez de competir, se admiran y se critican, se hacen chistes, intercambian lecturas y se editan notas entre sí. Que investigan juntas, organizan campañas, discuten política. Ninguna se reconoce en esos estereotipos masculinos tan repetidos y desgastados, y de eso se trata también para nosotras, de animarnos a generar, descubrir y ser nuestras propias role models.

El conocimiento científico es una herramienta para transformar el mundo. Sin embargo, a las mujeres nos fue vedado por siglos. Muchas tuvieron que pelear para tener la posibilidad de ir a la universidad, o de dar clases, o de firmar como autoras en un libro. La vida relegada al hogar, el cuidado de los chicos y las tareas domésticas no solo nos dejó fuera de los lugares donde se produce el saber, sino que además nos aisló de lo público. Ocupar las aulas, los laboratorios, definir las líneas de investigación, las metodologías, el cómo y el cuánto, para nosotras son cosas relativamente nuevas. Luchamos día a día contra estructuras que nos ponen limitaciones para desarrollarnos, desde la penalización que significa la maternidad en términos académicos y salariales, al machismo y cientos de años de pensamiento androcéntrico instalados en el corazón de todo lo que consumimos

Estas discusiones y creencias de cómo el conocimiento científico se potencia con una mirada feminista que tiene que servirnos para la transformación de nuestra realidad, se materializaron en #MenstruAcción. Durante 2017, ya en el mismo bote, lanzamos esta campaña que busca eliminar los impuestos a los productos de gestión menstrual, ofrecer su provisión gratuita desde el Estado y avanzar en la investigación de su producción con el fin de que menstruar deje de ser un elemento de desigualdad económica y un estigma; que no corramos riesgos al usar tampones con rastros de glifosato y que la industria detrás de la menstruación deje de ser otro elemento de contaminación ambiental. La parimos en una llamada por teléfono, llorando y menstruando, nos dimos ánimos y la lanzamos. No sin antes recopilar cifras, datos, investigar, ensayar argumentos, buscar apoyo de especialistas, hablar con productoras de copas, recorrer la diversidad de los cuerpos y experiencias frente a la menstruación. Esta campaña, para nosotras, es un ejemplo concreto de por qué es tan importante que la ciencia se ponga al servicio de las necesidades sociales.

Es por eso que este libro es una bocanada de aire fresco, un arcoíris del que sale polvo radioactivo que te quema de la bronca mientras te ofrece los colores. Que te provoca curiosidad para seguir revisando al tiempo que te ofrece ideas, argumentos y desarma construcciones anacrónicas que están así solo porque no las repasamos mucho. Es un collage de ideas, travieso y provocador, que te habla de orgasmos, excitando a la ciencia y al feminismo. Este es un libro de activismo científico y feminista. Porque nosotras también somos parte de la construcción de nuestro conocimiento. Porque nosotras pensamos y flasheamos ese otro universo en el que queremos vivir. Porque somos las protagonistas en el diseño y la construcción del futuro. ¡Que la ciencia te acompañe, entonces, en la lucha y la conquista de tus derechos!

MERCEDES D’ALESSANDRO

Introducción
MATÁ A TUS ÍDOLOS
(hablemos de ciencia y género)

“[Es necesario] mirar la ciencia como producida por seres humanos desde una conciencia humana. De manera que, en lugar de tomar la objetividad como un producto científico autoevidente, quisiera examinar el aspecto subjetivo de la objetividad”.

EVELYN FOX KELLER

(física y autora feminista estadounidense)

Como cuando te das cuenta de que “El payaso Plín-plín” y el “Feliz cumpleaños” son la misma canción, una vez que caés en que el machismo está en todos lados, no podés dejar de verlo. Al tomar conciencia de la importancia que tienen los roles de género en la organización social, también vemos cuánto pesan en nuestra cotidianeidad. Y la mía es leer papers y noticias científicas, y adaptar su contenido para que los demás sepan qué está pasando en el mundo de la investigación.

Pero esto no fue siempre así. Mi cotidianeidad en algún momento fue trabajar en una oficina municipal. Iba a ser el trabajo de mis sueños; recién había terminado mi posgrado en Comunicación Científica, y me contrataron para hacer prensa y programas de extensión a la comunidad en el área de Ciencia y Tecnología. Sin embargo, era organizadora de eventos, como todas las mujeres que trabajaban ahí. No había una sola persona en esa oficina que para describir su profesión pudiera usar menos de ocho palabras; los únicos títulos rimbombantes que hacían eco al ser pronunciados eran los de los varones.

El propósito del jefe era ver cómo ofrecerle a la corpo farmacéutica un buen trato impositivo, y el mío, hacer que los pibes de la villa fueran a escuelas técnicas. Eso generaba que mis proyectos nunca fueran prioritarios. Pero más allá de esta diferencia abismal, en aquel trabajo me di cuenta de que el mundo de la ciencia siempre me iba a subestimar por dos cosas: por ser mujer (con el extra de ser una mujer fanática de la ropa y el maquillaje, lo que obviamente es símbolo inequívoco de falta de dedicación a estudiar) y por elegir la comunicación científica como especialidad (pues sabemos que cualquiera con un título en ciencia está capacitado para hacer ese trabajo y que no es tan importante, después de todo la gente no necesita saber a qué se destinan los fondos públicos). En ese contexto, un día en el que Buenos Aires amaneció envuelta en una nube de gas misterioso y nadie leía los informes técnicos, inicié mi proyecto en Facebook creando un alter ego inspirado en una muñeca muy famosa, lo que es hasta hoy mi manera de enfrentar los prejuicios. Como siempre digo, es la forma que encontré para que crean que me río de mí mientras me río de ellos, de ponerle glitter al bullying.

Para mí, entonces, llevar el feminismo al trabajo implica observar en qué momentos la cultura sexista se cuela en el proceso de hacer ciencia para, luego, darles lugar a esas observaciones en el relato que armo para los demás. Por un lado, trabajo con el conocimiento científico en sí mismo, con la publicación que se hizo para ser leída entre colegas. Por otro, con la transformación que yo misma hago de ese conocimiento para que cualquiera pueda acceder a él. Me interesa discutir tanto la manera de hacer ciencia como la idea que acerca de ello tienen quienes son ajenos a la comunidad científica.

Desde chiquitos nos enseñan que la ciencia es universal y objetiva, que se puede aplicar a cualquier cosa o persona en cualquier ...