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¡QUE LA MAGIA CONTINúE!

Roger González  

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Fragmento

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“Por la tarde toca función, Andy.” Me alertó un niño de capa negra y varita mágica en su mano. Aquel niño flacucho, con apariencia quebradiza pero con presencia de plomo, daba funciones de magia en la sala de nuestra casa, por las tardes, a una audiencia de niños que él mismo convocaba con diferentes e ingeniosos métodos de persuasión. Era una audiencia que, al igual que él, necesitaba creer en la magia. Él no intentaba ser Mago. Él se sabía Mago. No había espacio para alguna duda escuálida de lo que él haría en su aventurada vida.

Cada función afirmaba su verdadera y definida naturaleza. Aquel Mago nació para sembrar sueños en la memoria de los demás, no comprendía por qué la música no podía ser un elemento natural que acompañara cada acto de su vida. Todo podía ser una escena, una escena limpia para ser creada desde la imaginación. Los libros se convertían en set de televisión, la ropa en vestuario, y el único medio de comunicarse con él, era a través de un micrófono.

Nació siendo un Mago. Y es que nunca imaginó el alcance de su verdadero poder, de su magia. La verdadera magia en su vida sería transformar sus posibles obstáculos en estímulos e inspiración para vivir apasionadamente su vida. Una forma de sentir la vida sin la que no sabría cómo estar fuera de ella. Una forma natural, innata, nunca ajena a él. La necesidad insobornable de crear, de proyectar su mundo interno, esto le permitió aprender a moverse con firmeza, agilidad y, sobre todo, con constancia. “La disciplina y constancia lo son TODO”, me sigue repitiendo ahora. La palabra se vuelve acción en el vuelo. Y el vuelo es una obligación de los que creemos desde el comienzo en nuestras alas.

El Mago se convirtió por sus pasos apresurados en un Guerrero. Guerrero de vida. Guerrero de andar. Guerrero que se observa más allá del personaje y no sin miedo se lanza a lo incierto del abismo, fundiendo su sueño con la realidad.

En las esquinas de su voz se perciben los recuerdos de su infancia y de su mundo mudo al cual le dio forma a través de la creatividad. El guerrero viste una impecable sonrisa que ilumina la vida de todos aquellos que rozamos su espacio. Va surfeando las olas de la vida con su inseparable voluntad mientras esconde su corazón sensible para no exponerse demasiado al sol de la incomprensión. Camina con prisa como si flotara por tocar su próximo sueño. Confía en pocos. Son pocos los suyos. Nos levanta en silencio, sin exagerar. Aunque de prisa iba, de a poco fue dando forma a sus sueños. Iba tocando uno por uno con intermedios de rechazo, negación y aparentes imposibles que lejos de desinflar su deseo, inspiraban sus ganas de caminar en contra de lo que no le permitía ser.

El desapego llegó como invitación no rechazable en su vida. “¿Quieres seguir(te)?” le preguntó la vida. “Tienes que dejar todo.” Y es que debemos dejar todo para comenzar a Ser. Empacó su vida entera en dos maletas y con su sonrisa limpia y el corazón fracturado, pero latiendo de emoción ante el nuevo comienzo, voló.

Durante su ausencia mis preguntas impacientes siempre terminaban con una misma respuesta: “Hoy fue el día más feliz de mi vida, hermana.” Y es que lo rebasaba la felicidad de sentirse privilegiado por estar experimentando día con día la pasión definida de su vida. Él no eligió esta vocación. La vocación lo eligió a él. Afortunado en ausencia de duda. Él camino sólo era uno. No podía incumplir su misión. Era esto, o tenderse a los inviernos capturado por la insatisfacción y zona de confort de donde tantos temen salir.

Esconde bajo de su sonrisa manojos de emociones desbordadas que sólo encuentran su cauce, creando. Todo es alcanzable. Todo es palpable. Agudiza el oído ante la voz de aquel que considera íntegro y soñador buscando el aprendizaje en sus palabras. Habla poco pero observa todo. Decide resaltar la belleza de cada encuentro y omitir lo contrario. El guerrero es de pocas palabras, pero constante creación. Eres lo que haces. Eres tu acción, me recuerda constantemente. Las palabras están huecas si sólo se crean en el pensamiento, la palabra vive en nuestra acción. Y el motor de la acción es nuestro amor por materializar nuestros deseos, siempre sembrados.

El niño que nació siendo Mago no termina de marcar sus pasos con la misma entrega que la primera vez. Alquimia constante. Transformación constante. Guerrero incansable. Guerrero de sonrisa limpia y corazón despejado.

El Guerrero es mi hermano. Hermano de sangre y hermano de alma por elección. Él me despeja los ojos cuando hay lluvia. Me alienta a dejar lo seguro por lo incierto. A ser valiente en el vacío. A nacer mil veces entre certezas. A soltar lo que impide moverme con facilidad, a soltar el estorbo en mis vuelos. A viajar ligera. A trabajar con intención y no con expectativa. Él sabe a inspiración, a dirección, a entrega. Me enseña a romper los límites creados por el pensamiento, por el miedo. El agua siempre seguirá empapando las emociones, pero la sonrisa es una invitación diaria. Me fundo en admiración por él. Por su entrega. Por su salto. Por ser voluntad en acción. Por su infinito amor a la creación y a sus diferentes rostros de expresión.

El niño-mago creció y transformó su vida en el acto de magia más grande. La magia de amar profundamente, desapareciendo miedos y apareciendo nuevos sueños en cada parpadeo, mientras sigue caminando detrás de su sonrisa limpia.

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