Loading...

SABER VER

Gaby Messina  

0


Fragmento

DE LO SUTIL A LO PROFUNDO

Este libro, que marca el inicio de mi proyecto IDEOMA junto a Penguin Random House, es parte de un emprendimiento de Gaby Messina que incluye un libro de fotos, Maestros. El bosque y el árbol, una película documental y la exhibición de las fotografías originales en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

Durante cuatro años, Gaby Messina registró fotográficamente a ciento doce artistas plásticos y visuales argentinos de máxima relevancia. Por sus logros, su trayectoria y su calidad artística, son justamente considerados verdaderos Maestros. Si bien las fotos que los retratan en su lugar de trabajo son el motivo principal de esta empresa, las conversaciones con esos artistas nos permiten completar lo que necesitamos disciplinariamente para poder entender de manera integral las motivaciones y las personalidades que se encuentran detrás de sus respectivas obras. Sus inquietudes, dudas y certezas. Sus profundas y simples observaciones sobre la vida y la muerte. Su poética del tiempo, la candidez cotidiana con la que una charla informal permite entrar en cada uno de sus universos de manera orgánica, sin esfuerzos. Son grandes, pero no solo por los años que tienen sino también por lo que han dado y representan.

Cada una de estas conversaciones constituye un simple y dichoso acto de homenaje de parte de Messina.

A medida que las palabras se van decantando y el lector va absorbiendo las frases, comienza a vislumbrar lo sutil y lo profundo. Las conversaciones, así, ratifican que el contenido de la obra de estos grandes artistas es absolutamente vital, y que nos nutre con algo que es mucho más que alimento para los ojos.

GUSTAVO SANTAOLALLA

Buenos Aires, junio de 2016

AMPLIACIÓN DEL CAMPO VITAL Y ARTÍSTICO

Entre 2012 y 2016 visité a los artistas visuales y plásticos más destacados de la Argentina. Sus trabajos abarcan diversas disciplinas: pintura, escultura, grabado, fotografía, videoarte, instalaciones, performances…

Todos tienen más de 65 años, son dueños de una poderosa voz interna y sus herramientas para observar la realidad no se limitan a los cinco sentidos: también usan el de la amistad, el equilibrio, la confianza, el entusiasmo, la entrega, la gratitud y la generosidad.

Los creadores que entrevisté abrieron sin reservas las puertas de sus casas y de sus talleres, y también las de sus vidas, para embarcarse en un diálogo íntimo y estimulante sobre su obra, el arte, el amor, la muerte, las creencias, el futuro y muchos otros asuntos que la charla espontánea fue trayendo.

Estos ciento doce encuentros fueron para mí como haberme transportado ciento doce días a la gran Machu Picchu, recibiendo junto a ellos y en cada jornada toneladas de energía y aire fresco.

Quiero hacer una breve salvedad y recordar las conversaciones con el amable León Ferrari durante el proceso de producción. Esperábamos el día en el que se sintiera mejor, pero ese día nunca llegó. Agradezco su calidez y atención; agradezco a Alicia, su fiel compañera.

El trabajo de estos maestros mantiene su vitalidad y es capaz de despertar en nosotros múltiples sensaciones y emociones. Sus palabras, recogidas en este libro, replican, reproducen y amplían esa experiencia artística y vital, y abren caminos que nos acercan al ser humano que se expresa en su obra.

Los siempre alegres encuentros con los artistas en sus casas o talleres comenzaron con la realización de un retrato fotográfico, para después filmar ese diálogo que surgía de manera espontánea, desde un punto de partida, muchas veces, inimaginable.

Incluso, en algunas oportunidades, la fotografía debía esperar para activar el setting de grabado —en el intento desesperado de que las palabras no se escaparan para permanecer impresas por siempre en este libro—.

Saber ver nace del deseo de rescatar el pensamiento y la emoción de estas almas.

GABY MESSINA

Buenos Aires, junio de 2016

EL ARTE POR SÍ ES COMO COMER PAN CON PAN

Enio Iommi

Escultor, docente, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes

Rosario, Santa Fe, 1926 - San Justo, Buenos Aires, 2013

Creo que antes de nacer ya sabía que quería ser artista…

Mi padre era escultor, un escultor clásico, y cuando me metía en su taller yo hacía cosas… desde chico me gustaba componer cosas raras, creo que empecé viendo otra clase de escultura respecto de lo que hacía mi padre. Y a medida que fui creciendo tuve discusiones con él, que, lógicamente, era un escultor clásico y no entendía muy bien lo que yo quería hacer. Me crié en un ambiente de artistas, en mi familia hay escritores, poetas y escultores; para mí es una cosa natural hablar de arte.

Si supiera qué es el arte, te lo diría…

Siempre traté de no hacer escultura, sino un concepto, una idea, un pensamiento espacial. El escultor todavía trabaja con el criterio de la masa y el volumen; además, la palabra “escultura” proviene de “esculpir”; yo no esculpo, ni tallo madera ni barro… uso lo que encuentre, lo que me llame la atención y sienta que eso lo puedo transformar en algo viviente…

Sigo soñando, buscando algo que todavía no encontré. Eso para mí es el misterio, porque el arte es un misterio, no existe, hay que hacerlo existir, y eso es todo un pensamiento, un idealismo, incluso una utopía. Pero bienvenidas todas esas sensibilidades para poder lograr la obra de arte. Por ejemplo, tenemos a Marta Minujín. Cuando ella dice: “¡Arte, arte, arte!”, yo le preguntaría: “¿Qué es para vos el arte?”, porque también puedo decir “¡martillo, martillo, martillo!”, puedo decir “¡chorizo, chorizo, chorizo!”, pero con eso no decimos nada. Lo que vale en el arte es lo que vas a llevar, es tu pensamiento, son tus ideales. El arte por sí es como comer pan con pan.

Hay distintos caminos del amor: el amor humano, el amor al trabajo, el amor a la vida, el amor a encontrar mi ambiente, un ambiente en el cual me sienta cómodo, me sienta feliz trabajando; y, bueno, creo que… el amor es todo. Sin amor a algo, no sé para qué vivir.

Cuando puedo lograr una obra que saqué de adentro, de mí mismo, es una gran satisfacción. Muchas veces no es así, pero no me rindo, empiezo de vuelta.

Una gran satisfacción para mí es haber preparado más o menos a unas treinta personas, a quienes introduje en el arte. Espero que tengan éxito, no comercial sino espiritual, para seguir adelante. Le pido a la juventud, no solamente a la interesada en el arte, que produzca cultura; no automóviles, ni engaños, ni un idealismo falso. Creo que el trabajo nunca ha matado a nadie. El trabajo es amor, es esperanza positiva.

Poder vivir en la Piazza Navona, en Roma, sería para mí una delicia… Me imagino sentado en un bar, todo el día mirando esa maravilla. No solamente por la plaza misma, sino por la historia, por lo que ha ocurrido allí. Esa plaza viene de la vieja época de los romanos, cuando era como una gran pileta y hacían pequeñas batallas ahí adentro. Lógicamente, después se fue transformando y se convirtió en lo que es hoy, pero los restos todavía están. Italia me alimentó muchísimo, en el sentido espiritual y de cómo comprender lo que se hizo en el pasado para entender el presente.

Si es ar

Recibe antes que nadie historias como ésta