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SALAMANDRAS (SERIE ELEMENTALES)

Liliana Bodoc  

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Fragmento

Brujas inocentes

Homenaje a Salem

Abigaíl y Títuba fueron amigas antes de nacer.

Sus madres, que estaban gestando al mismo tiempo, se detenían a conversar de tanto en tanto. Entonces, dos panzas de ocho meses se miraban con atención y se prometían jugar a la ronda.

Títuba nació antes. Su madre solía decir que, durante un tiempo, la pequeña apenas respiraba; como si estuviese esperando algo. Y eso fue, sin duda alguna, el nacimiento de Abigaíl, una semana más tarde. Ese día, Títuba mamó por primera vez con verdadero apetito… Ahora todo estaba bien.

Las dos niñas se hicieron inseparables. Abigaíl creció más bella, pero poco importaba. A cambio, Títuba era más valiente, andaba descalza por el bosque y tenía el don de entenderse con los gorriones.

Todo en el rostro de Títuba era excesivo. Los ojos, la boca, los pómulos y la nariz compitiendo por la máxima importancia; de modo que el resultado parecía un dibujo infantil.

Abigaíl era en blanco y negro. Blanquísima la piel, negro el cabello y los ojos. Su cintura cabía en un collar.

La Inquisición no existía para ellas. O en todo caso, era solamente el comentario de los mayores, que se persignaban en exceso. Todos lo hacían en ese tiempo, en ese pueblo, en otros, en las ciudades… Las personas se persignaban con grandes ademanes para hacerse ver y que nadie sospechara de su piedad.

Con Inquisición o sin ella, Títuba andaba descalza. Y con solo extender sus manos, convocaba a los pequeños gorriones.

—¿Adónde vas, Títuba?

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