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SANA TUS HERIDAS EN PAREJA

Anamar Orihuela  

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Fragmento

UN CORAZÓN CIEGO

Había una vez un corazón que buscaba el amor y deseaba con mucho entusiasmo expresarlo. Vivía con otros corazones que lo alimentaban y lo cuidaban. El corazón buscaba expresar todo su amor con ellos, pero los otros estaban ciegos, parecía que nunca lo veían y que no estaban cerca. Eran como robots con muchas actividades y sin espacio para amar. El corazón empezó a sentir mucho vacío y soledad, un gran dolor por no ser visto. Para no sentir eso, buscó por todos los medios ser visto, contaba chistes, ayudaba a los demás, hacía cosas muy buenas, aunque a veces molestaba a la gente y la hacía enojar para que lo tomaran en cuenta, por momentos lo lograba, pero después la ceguera volvía y con ello la soledad y el vacío que se abría cada vez más.

El tiempo pasó y el corazón se acostumbró a vivir sin amor, a dejar de esperarlo y cerrarse en un caparazón. Ahí podía estar ciego como aquellos que lo educaron para no sentir el dolor de esperar algo que nunca llega. De pronto, inesperadamente, el corazón conoció a otro corazón que revivió el gran anhelo de vivir el amor. Lleno de entusiasmo le entregó todo su amor, pero no se dio cuenta de que este corazón estaba lleno de miedo y no podía amar. Repitió todas las estrategias que conocía para ser visto: contó chistes, hizo cosas muy buenas, molestó y discutió, pero al final, este corazón lleno de miedo tampoco tenía ojos para mirar y lo lastimó de tal forma que rompió una parte de su ser. Entonces, el corazón quiso sentirse ciego para no ver, ciego para no sentir, ciego para no esperar.

Corazón quiso protegerse para no ser lastimado de nuevo, pero era muy soñador y quería amar. Así le rompieron el corazón varias veces. Y siguió así, buscando el amor. Corazón pensaba que debía hacer muchas cosas para que lo vieran a la manera de los corazones con los que creció. Aprendió que el amor es poco y que, por ello, debe dar una parte de sí para ser amado. Así que cada vez que buscaba amar perdía una parte de su esencia. Nadie le enseñó que no debía entregar su amor a corazones ciegos porque nunca verían lo que les da; tampoco nadie le dijo que era ciego, porque nunca había aprendido a conocerse en realidad y mirarse con amor. Los corazones con que creció nunca se lo enseñaron, pues también eran ciegos.

Después de mucho buscar, Corazón empezó a madurar y entender que para encontrar el amor debía aniquilar la ceguera, conocerse y aprender a tratarse con verdadero amor. Y así lo hizo. Cada que se ama, la visión viene a él, puede distinguir a los corazones ciegos de los despiertos. Con el tiempo, ha aprendido que todos aprendemos a no ser ciegos, la diferencia es que unos saben que son ciegos y otros no tienen la más remota idea.

Corazón conoció a otro corazón ciego que sí sabía que lo era. Juntos aprendieron a devolverse la vista con amor. Ahora respetan sus momentos de ceguera y disfrutan cuando ven juntos el verdadero yo del otro, cuando tocan el verdadero amor, ése que les devuelve la fe y la esperanza, el amor que les devuelve la vista y les permite sanar sus corazones.

Ese corazón eres tú y este libro es ese viaje. Disfrútalo.

Introducción

Hace doce años inicié una de las más grandes empresas de toda mi vida, la más feliz, la que más aprendizajes bonitos me ha dejado, la que me ha llenado de amor y herramientas de vida; esta empresa se llama matrimonio. Me casé con el hombre que es el amor de mi vida y créeme, no es una expresión romántica ni una posición rosa. Lo que mi esposo y yo hemos vivido, sanado y logrado en estos doce años, sin duda, le da un lugar único en mi historia.

Los dos veníamos de lugares interiores rotos y carentes; yo, de un divorcio muy doloroso y aleccionador; él, de años de mucha soledad. Teníamos todo para vivir las mismas realidades que aprendimos: control, manipulación, abandono, etcétera. Pero elegimos no hacerlo, elegimos que queríamos vivir algo bueno para ambos, elegimos ser conscientes y regalarnos el mejor de los regalos: tener una pareja que te cuida, te ama y te respeta. Ésa fue nuestra apuesta y nos transformó completamente. Hoy somos muy diferentes que cuando empezamos este viaje, somos más nosotros, más libres, más felices. Todo gracias a que ambos elegimos crecer y sanar nuestras propias heridas.

Con este libro quiero compartir una idea en la que creo profundamente, que he puesto en práctica todos estos años con mi pareja y también he probado con las parejas que he atendido en terapia de pareja. Al leerlo aprenderás algo que no sabías, algo que te dará una nueva visión de ti y de tu manera de relacionarte con la pareja y, en general, con tus relaciones.

Muchos de nosotros crecimos observando y entendiendo el amor desde lugares muy equivocados. Tuvimos un modelo con nuestros padres, nuestros abuelos y las personas que nos enseñaron lo que podíamos esperar del amor, cómo amar y ser amado. ¿Cuántos de ustedes vieron un amor compañero en sus padres? La verdad es que ni idea tenemos de lo que es construir una relación sana. Empezamos nuestra vida amorosa repiti

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