Loading...

SENTIR | TEMER

Judith Jaso  

0


Fragmento

Su familia siempre se iba de vacaciones en septiembre.

Cuando era más pequeña, lo odiaba, porque después de haberse pasado el verano entero sola y aburrida, justo cuando sus amigos empezaban a regresar de la playa, de la montaña, de sus pueblos o del extranjero, a ella le tocaba irse. Habría preferido viajar en julio o en agosto, como todo el mundo, o directamente no haber salido de vacaciones a ningún sitio. Quedarse en casa y disfrutar con sus amigos de los últimos días de libertad antes de que comenzara el instituto habría sido, de hecho, el mejor plan. Y es que a veces, de hecho, las vacaciones solo servían para cambiar una casa por otra, porque aunque sus padres siempre alquilaban apartamentos en sitios maravillosos, como si así quisieran compensarla por haber retrasado tanto el comienzo de la diversión, muchas veces el tiempo no acompañaba y se pasaban la última quincena del verano encerrados en una casa prestada en un lugar que no conocían. Le parecía mentira que todavía no supieran que septiembre era una lotería: nunca hacía tanto calor como en agosto y, muchos años, el otoño llegaba por adelantado, vistiéndolo todo de viento, lluvia y nubes prematuras.

Pasar las vacaciones enfadada se había convertido en una especie de tradición para ella, y por eso aquel año intentó convencerlos de que la dejaran quedarse en casa. Era un septiembre especial porque era el último antes de irse a vivir a la capital en otoño. Muy pronto se separaría de sus amigos, y quería aprovechar para disfrutar de los

Recibe antes que nadie historias como ésta