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TE INVITO A CREER

Manuel Lozano  

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Fragmento

La responsabilidad de ver

Por GASTÓN PAULS

Manuel no esquiva la mirada, no mira de costado, no se limita a posar sus ojos sobre el mundo y quienes lo pueblan.

Manuel ve.

Sentir la angustia y la soledad del otro, vivir como si fuera propia la desesperación y el desamparo ante el desastre, llorar desconsoladamente por el frío que padece un desconocido. Eso es Ver.

Pero... ¿cómo se hace para convivir con esta capacidad sin morir desgarrado por el dolor que causa la crudeza de la realidad?

Ver es una virtud que lleva adherida una gran responsabilidad. Y Manuel lo sabe. Desde los nueve años lo sabe. Tal vez, con la inconsciencia propia de esa edad descubrió el camino.

Compartir los zapatos con quien tiene los pies descalzos… Ahí empezó todo, según él. Aunque no me cuesta imaginarlo en una plaza de Chascomús a los tres meses de vida regalándole su chupete a un bebé que lloraba cerca suyo.

Ponerle el cuerpo y el alma al asunto. Salir a solucionar lo que, creemos, tiene solución. A pesar de que muchas veces solo sea una ilusión óptica.

Extender la mano para ayudar a aquellos que olvidaron lo que significa caminar, ser la voz de los que no la tienen, ofrecer sonrisas donde solo hay lágrimas, viajar miles de kilómetros para llevar comida, ropa o simplemente para abrazar, contener, escuchar.

Manuel es esto. Pero Manuel es también el que tiene la sensación de que lo que hace es insuficiente; es el ejemplo para aquellos que buscan cómo ayudar; es la gota que horada la piedra de la insensibilidad; el que le ofrece las llaves de su casa a un amigo; es el que cuando Aída dejó de llamar prefirió quedarse con la ilusión de que había ganado la batalla; el que siente que tiene que involucrarse más; el que, como yo, buscó en Internet la palabra “solidaridad”.

El diccionario, siempre frío, dice:

Solidaridad: adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros.

Error.

Lo suyo no es circunstancial. Es una forma de ser, de vivir. Siempre.

Pero a la vez Manuel es una cosa más pequeña, simple y que me llena de orgullo.

Manuel es un gran amigo que juega con mi hija Muna y que seguramente entre risas y tortas de chocolate le irá contagiando las ganas de creer que un mundo mejor es posible.

Gracias por eso, Manu.

El rasta de la Metro

Por ANDY KUSNETZOFF

Conocí a Manu trabajando en una movida solidaria que hicimos con la radio. ¡¿Dónde más podría haberlo conocido?! Tenía un look raro. No paraba de cargar cosas. Alguien lo bautizó como “el rasta de la Metro”, ya que trabajaba más que nadie y, claro, se fue último.

La historia de Manuel Lozano es la historia de alguien que de tan común se transforma en extraordinario. Un tipo común, tan simple como difícil de encontrar. Esas personas que lo llevan a uno a preguntarse: “¿Qué hay detrás de este tipo? No puede ser tan bueno…” Pero sí.

La vida solidaria está llena de dificultades. En esta Argentina de necesidades infinitas y urgentes, nunca llega el momento de relajarse. Cuando empezás a ayudar a los que más necesitan, te das cuenta de que siempre se puede hacer algo más, que nunca alcanza. Y es por eso que hacen falta personas especiales, incansables, sensibles y con una energía capaz de superar obstáculos y frustraciones. Se necesitan personas como Manuel Lozano.

Este libro cuenta su historia, desde que se dio cuenta de que su vocación eran los demás, hasta que decidió hacer de esa vocación un compromiso de vida.

Manuel contagia esa vocación. Charlar con él te hace sentir que hay que hacer algo. De repente estás con ganas de que siga creciendo el proyecto de la Universidad de la Puna, que encuentren algún chico perdido o que le den el documento a los que están en situación de calle.

Cuando la sensación térmica baja hasta los cero grados, ahí donde los gobiernos no tienen más contención para dar, sale un grupo de voluntarios de la Red Solidaria comandados por Manuel. Su misión es la de dar un plato de sopa, un té, un alfajor a aquellos que por alguna razón se quedaron en la calle en esos días helados. Lo que llama la atención no es la iniciativa de salir una vez, como yo mismo lo hice junto a él, para dar ese plato de comida. Lo que me llena de orgullo y admiración es la voluntad de salir todos los días. Lunes, martes, miércoles, jueves, fines de semana, feriados: todos los días a la misma hora estar para los demás. Porque ser solidario veinticuatro horas es la tarea y el compromiso de Manu.

Lamentablemente nuestra Argentina

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