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UN BESO EN TU FUTURO

Raquel Castro  

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Fragmento

1

Sonó el timbre, guardé todas mis cosas tan rápido como pude, como cayeran, y salí, con la mochila a medio cerrar y un par de libros en la mano, cuando la maestra de Historia todavía estaba diciendo que no olvidáramos la tarea para el lunes. Por suerte no me obligó a regresarme, como lo habría hecho la miss de Inglés, quien odia que nos paremos de nuestros lugares si no ha terminado de hablar: me urgía largarme de ahí antes de que los ojos se me llenaran de lágrimas, horror.

Justo cuando iba llegando a las escaleras, y que pensaba que me había librado de ella, escuché esa voz detrás de mí.

—¡Nanny, espérate!

Fingí que no escuchaba y comencé a bajar los escalones de dos en dos.

—¡Nan, sorda! —gritó, más fuerte.

No quería detenerme, pero no podía seguir haciéndome mensa. Llegué al final de las escaleras, respiré profundo y me di la vuelta, con una sonrisa más falsa que nada.

—¡Qué! —dije, según yo muy casual, aunque el nudo en la garganta me hacía dificilísimo contestar.

Jonathan siguió bajando a su propio paso, pero en respuesta a mi “qué” levantó un trapo viejo y mugrosón. O, más bien, mi suéter del uniforme, me di cuenta en ese momento. Pendeja de mí, lo había olvidado otra vez en la papelera de mi banca, uf.

—Mensa. No se te olvida la cabeza porque de veras… —me dijo con una sonrisa mientras me aventaba el suéter a la cara.

—Es que tengo prisa —mentí descaradamente—. Quiero ver si todavía está la señora de las congeladas, ya ves que se va temprano…

—Mentirosa —respondió con esa sonrisa tan bonita que hacía que se me doblaran las rodillas.

—¡No es mentira! —quise reclamar, pero no se me ocurrió qué más decir.

Él se rio. ¡Cómo me gusta su risa!

—Qué se me hace… que te gusta alguien…

Sentí frío. ¿Me habría cachado?

—Cómo crees, menso.

—¿Todavía no? Eres muy lenta, Nanny. Has de ser la única del salón que sigue pensando que los besos son pura baba y microbios.

Me dio calor en las mejillas pero fingí que guardar el suéter en la mochila era la actividad más importante del planeta.

—¡Te pusiste roja! ¡Sí te gusta alguien! —y empezó a hacerme burla como niño chiquito.

—Qué zonzo. Lo que pasa es que me dio asquito. Guácala eso de que te metan la lengua en la garganta para dejarte todos sus gérmenes.

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