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UN MISTERIO EN TUCUMáN

Liliana Cinetto  

5


Fragmento

Capítulo 1: La noticia

José Ignacio sabía que se había metido en un lío. Por la cara de su mamá se daba cuenta. Es que doña Teresa Velarde de Aráoz parecía enojadísima. Mucho más que en otras ocasiones. Y eso que José Ignacio siempre hacía lío, sobre todo cuando se juntaba con su mejor amigo, Gregorio, que era tan travieso como él.

—Le he dicho cientos de veces que no tiene permiso para salir a jugar a la calle a la hora de la siesta —lo retaba doña Teresa.

—Pero si ya casi estamos en julio, mamá —porfiaba José Ignacio para defenderse.

—Que no, le digo. Aunque sea julio se puede insolar con el calorón del mediodía. Y ya sabe que después del almuerzo debe descansar. Y no me discuta más. Haga lo que le ordeno. Se queda en la habitación como sus seis hermanos.

—Es que me aburro...

—Duerma un rato. O descanse. O lea. Pero no vuelva a salir. Que ya bastantes trajines hay en esta casa y en esta ciudad como para que encima yo tenga que andar lidiando con sus caprichos.

José Ignacio refunfuñó bajito. Si no hubiera sido por su prima Lucía, que lo había visto por la plaza, al regresar de la iglesia, doña Teresa no se habría enterado de esa escapadita con Gregorio en la que pensaban llegarse hasta el río a pescar ranas. Pero la muy bocona de Lucía le había ido con el cuento.

“Usted sabe, tiíta

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