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UNA PROMESA INFINITA

Hecatombe  

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Fragmento

El día anterior a que su vida cambiara para siempre, Teo se levantó sobresaltado pensando en los exámenes de ingreso a la facultad que pronto tendría que rendir. Revisó el celular para ver si tenía algún mensaje: como todas las mañanas, Joaquín había escrito en el grupo de WhatsApp “Tres son suficientes”, que compartía con sus dos mejores amigos y que en distintas etapas se había llamado “Los tres errores de nuestros padres” y “Mi familia adoptada”. El mensaje decía: “Esta noche es nuestra noche, más les vale que hayan dormido lo suficiente porque nos espera la FIESTA”.

De los poquísimos amigos que tenía, Joaquín era el único capaz de disfrutar de una fiesta con quince horas de anticipación. Si la vida de Teo orbitaba alrededor del estudio, la de Joaquín tenía un único núcleo sólido, amurallado, inconquistable: el fiestón, la pachanga, la joda, la partusa... Y esa noche… Sí, esa noche era LA FIESTA, la gran fiesta de fin de curso.

Teo no solo iba a tener que enfrentarse a las despedidas del último día de clase, con todo lo que odiaba las despedidas, sino también con esa maldita FIESTA… Nunca había podido entender qué le veían de divertido a bailar frenéticamente toda la noche y atiborrarse de bebidas con ingredientes indistinguibles hasta vomitar. Encima, ni siquiera se podía hablar por el volumen de la música, aunque a veces le veía la parte positiva a no poder hablar, porque no tenía que hacerse el simpático con nadie.

—Ey, no seas amargo, ¿por qué no tomás algo? Dale, no me digas que te da asco el alcohol... —le había insistido un compañero en la última fiesta.

—¿Por qué no te vas a la mismísima mierda? —hubiese sido su respuesta, pero en vez de eso Teo solo atinó a sonreír estúpidamente, como cuando te preguntan “¿Cómo estás?” y uno contesta “bien” con una sonrisa falsa y forzada, aunque por dentro la esté pasando pésimo. Y no es que a Teo no le gustara el alcohol, de hecho preparaba unos mojitos exquisitos, pero no le interesaba tomar con la gente de su edad, ya que consideraba que vivían en la más absoluta nube de estupidez. No tenían planes a futuro, ni idea alguna de qué iban a hacer de sus

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