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YO TE CREO, HERMANA

Mariana Carbajal  

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Fragmento

Introducción

No recuerdo si tenía 8 o 9 años —tal vez eran menos—, pero lo que nunca olvidé fue esa sensación incómoda en mi cuerpo, esas ganas de escapar de una situación que me resultaba incomprensible. Siempre que visitábamos a esos parientes, un adolescente de la familia, que me duplicaba en edad, me invitaba a sentarme en su falda. Me abrazaba y yo sentía que debajo de mi cola algo crujía, se movía, cobraba vida. Yo trataba de escapar pero él me retenía, aunque no había violencia física. Por el contrario, el gesto era cariñoso. Me daba conversación, me mostraba su escritorio. Siempre en esa posición, sobre su falda. Sucedía en su cuarto, cuando me asomaba a ver qué estaba haciendo. Recuerdo los rayos del sol filtrándose por las ventanas que daban al balcón, en aquella casa antigua, de dos plantas, con pisos de pinotea. No sé cuántas veces sucedió, pero fue más de una y no pasó de eso. Esa incomodidad quedó inscripta en mi registro corporal; es un recuerdo indeleble. Ya de adulta y como a las pasadas, se lo conté a mi madre. Con él no lo hablé nunca. No pude.

Cu

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