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Arte y política, un romance desigual

RENOVACION. En su nueva novela, Patricio Pron hace de la vanguardia futurista el escenario de una ficción sobre la creación y el poder

"La literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido, y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin". La frase firmada por Borges en 1930 es, como todo lo que brota de su pluma, la síntesis perfecta de una época, la de las vanguardias. Una era en la que cruciales avances tecnológicos y científicos coincidieron con las mayores crisis económicas y políticas. El mundo aristocrático del siglo XIX no acababa de morir, y el nuevo mundo se cobró su nacimiento con revoluciones y guerras mundiales. En ese contexto, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, entre otros movimientos, se propusieron acabar con el arte como se lo conocía: destruir la idea de obra individual, aniquilar la subjetividad de la creación, unir arte y política, buscar una influencia directa de la poesía en la vida para transformarla. Paradójicamente, ese impulso no acabó con la institución artística sino que le otorgó estrategias experimentales que hicieron del siglo XX una era de renovación de formas estéticas.

En su nueva novela, No derrames tus l√°grimas por nadie que viva en estas calles (Random House), Patricio Pron (Rosario, 1975) indaga en el primero y m√°s controversial de esos atentados creativos, el futurismo. El movimiento fundado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti le cant√≥ a la belleza de las m√°quinas, a la velocidad, a la violencia primal del hombre y a su deshumanizaci√≥n, tambi√©n al sacrificio sangriento de la guerra que acabar√≠a con la alienaci√≥n capitalista. Pero su af√°n revolucionario acabar√≠a subyugado y desprestigiado para siempre por su asociaci√≥n con el autoritarismo suicida del fascismo: "Ambos movimientos compart√≠an una desafecci√≥n por el pasado y un deseo de renovaci√≥n de las instituciones de su √©poca que hizo que las afinidades fuesen reconocidas de inmediato por sus integrantes. Ambos, adem√°s, hab√≠an surgido a la izquierda del campo pol√≠tico y cultural de su tiempo; pero el futurismo era un arte demasiado revolucionario para una fuerza pol√≠tica en el ejercicio del poder, y, de su aproximaci√≥n al fascismo, los futuristas salieron quemados. A pesar de lo cual, los intelectuales han intentado aproximarse al poder una y otra vez desde entonces", puntualiza Pron.

Con resonancias de Los detectives salvajes y La literatura nazi en Am√©rica, de Roberto Bola√Īo, la novela de Pron pone en escena ese romance desigual entre literatura y poder a partir de un ficticio Congreso de Escritores Fascistas, llevado a cabo en Pinerolo en abril de 1945, poco antes del derrumbe de la Rep√ļblica Social Italiana de Sal√≥. La historia se narra a partir de los interrogatorios que un miembro de las brigadas Rojas, en 1978, realiza a los escritores fascistas que participaron del Congreso. Poco a poco, los testimonios reconstruyen no s√≥lo los eventos del imaginario Congreso, sino tambi√©n la formaci√≥n original de un grupo -tambi√©n ficcional- de futuristas de Perugia: Espartaco Boyano, Michele Garassino, Atilio Tessore y Luca Borrello. Como se dibuja la sombra del "realismo visceral" en Los detectives salvajes, los testimonios de No derrames?hilvanan las biograf√≠as de los futuristas, su encuentro en las primeras d√©cadas del siglo, la voluntad de atacar la moral burguesa, los escarceos literarios con Marinetti, los plagios y experimentos de escritura contra la idea de autor, los planes incumplidos de intervenir en las vidas grises de los italianos. Una fuerza vital y creativa que se convierte en contradicci√≥n flagrante al llegar al Congreso, cuando Luca Borrello, el miembro m√°s "puro" del grupo, desaparece y se lleva consigo la utop√≠a del arte futurista. En el Congreso, el impulso revolucionario se convierte en disputa por espacios de poder, lucha por la autonom√≠a entre italianos, espa√Īoles y alemanes, discursos estereotipados y rencillas de bajo vuelo por la defensa de los intereses personales.

La conquista del poder

¬ŅQu√© gana y qu√© pierde el arte al asociarse a la pol√≠tica? La pregunta, que subyace en el relato de Pron, parece sugerir que subordinar la creaci√≥n a mandatos ideol√≥gicos tarde o temprano condena al creador a reproducir los vicios pr√°cticos y la corrupci√≥n inherentes a la conquista del poder: "Pienso que esto se debe al hecho de que la sociabilidad literaria es un modelo a escala de las formaciones sociales e ideol√≥gicas en cuyo marco se inserta: el hecho es que, hist√≥ricamente, la literatura ha aspirado a ?ser penetrada' por lo pol√≠tico en lugar de intentar imponer sus procedimientos a las pr√°cticas y los h√°bitos que conforman ?lo pol√≠tico'; consecuentemente, ha adoptado de ?lo pol√≠tico' la intimidaci√≥n y el ejercicio de la violencia simb√≥lica o real: uno podr√≠a contar los √ļltimos doscientos a√Īos de literatura como la historia de este malentendido, pero ya hay un libro que lo hace bastante bien, la Historia pol√≠tica de los intelectuales de Alain Minc."

Frente a esa subordinaci√≥n del arte a la pol√≠tica, Pron plantea la necesidad de sostener el impulso irreverente y subversivo inicial de la creaci√≥n. Una relectura permanente del funcionamiento social del arte que cuestione sus modos de valoraci√≥n. Quien no discuta la pol√≠tica del arte se encontrar√° obedeciendo sus reglas, m√°s all√° de sus deseos. "Admito que no es f√°cil diferenciar ambas esferas, que se confunden deliberadamente en la novela, pero creo que la relaci√≥n puede establecerse en los siguientes t√©rminos: sea con la excusa de estar produciendo una literatura ?pol√≠tica', o ampar√°ndose en un ?giro autobiogr√°fico', en la exhibici√≥n de la intimidad o en la necesidad expresiva, una literatura como la contempor√°nea, que no cuestiona sus instituciones, sus formas de circulaci√≥n, la ilusi√≥n de la autor√≠a y las instancias que establecen su valor, y se entrega por completo al consumo (a las instituciones econ√≥micas que conforman el √ļnico poder real en este contexto), es una literatura deliberadamente pol√≠tica, ubicada con facilidad a la derecha de cualquier cosa que se considere el centro literario actual, al margen de lo que sus autores voten o digan votar."

El impulso subversivo del arte, la resistencia a reducirlo a ning√ļn sentido por fuera de s√≠ mismo aparece representado en la obra de Luca Borrello. Una de las secciones del libro de Pron presenta un cat√°logo de las obras de este futurista. Entre ellas se cuenta una novela con varias l√≠neas argumentales que no tienen resoluci√≥n; una obra de teatro que alterna escenas cotidianas de una familia convencional y otras de extrema violencia, pero que cruza de unas a las otras el sonido que debe escucharse; obras que deben representarse por gemelos id√©nticos de distintas edades; una pieza en la que un actor c√©lebre (y solo √©se actor) debe decir dos textos simult√°neamente, y un relato que finaliza con fotos del propio Borrello destruyendo las p√°ginas finales del mismo relato.

Los ejemplos muestran modelos de lo que ya t√≠picamente puede asociarse con el arte contempor√°neo experimental: una obra que agota su realizaci√≥n en su concepto o procedimiento y que atenta contra su propia legibilidad. Una forma de sostener el impulso de las vanguardias que, aunque tambi√©n encontr√≥ su convenci√≥n institucional en el siglo XX, se aferra a la b√ļsqueda de autonom√≠a est√©tica y la lucha contra los lugares comunes del arte: "Me parece que la insistencia en la idea de la obra literaria como unidad aut√≥noma y autosuficiente, el anquilosamiento de las formas narrativas en el √°mbito hispanohablante, la repetici√≥n de los viejos trucos, y la elisi√≥n entre dos tipos de p√ļblico, uno literario y otro lector de ?novedades', hay una serie de condiciones que hacen posible, y necesaria, esa concepci√≥n. Casi todo lo que me interesa de la literatura est√° all√≠ o viene de all√≠."

A√ļn con esta defensa tan taxativa del arte de vanguardia, la propia novela de Pron ofrece una v√≠a alternativa, acaso sintom√°tica de una √©poca de s√≠ntesis, en la que las formas de ruptura de la vanguardia se convirtieron a su vez en herramientas de experimentaci√≥n para la escritura, tanto como el antiguo realismo, o las convenciones de los g√©neros.

No derrames... transita ambas aguas, entre el documento glosado de textos vanguardistas, el testimonio en primera persona, el diccionario biogr√°fico de autores y la narraci√≥n realista de un episodio crucial de la novela que echa mano del cl√°sico narrador en tercera persona. All√≠ se cuenta el encuentro en las monta√Īas entre Borrello y un partisano de izquierda que lo salva de morir por las heridas causadas en un accidente. El sentido de esa escena -tanto lo que narra como su forma- son el contraste necesario para comprender el sentido del arte de Borrello y su incompatibilidad con el fascismo. Un contraste entre varios mundos que genera el momento iluminador de la novela: "No creo que la literatura tenga que acercarse a ninguna verdad, sino m√°s bien desenterrar la que yace en ella. En la novela, el contraste entre las secciones o libros que la conforman es deliberado, y me gusta pensar que le da al texto una naturaleza ?poli√©drica'. Borrello es alguien que ha cometido algunos errores, pero, en su encuentro con Linden, hay una especie de redenci√≥n, la primera en su vida, o la segunda, si se considera que sus textos lo redimen."

En esa tensi√≥n entre la narraci√≥n cl√°sica y el experimento de vanguardia, entre la literatura y la vida del artista como obra de arte, se gestan las preguntas de No derrames? tal como las formula Pron: "¬ŅQu√© credibilidad le otorgamos a una literatura que produce declaraciones sobre su derrumbe desde hace al menos doscientos a√Īos? ¬ŅC√≥mo podr√≠a esa literatura anunciar su final de otra forma que no fuese creando textos que demoran, alejan o niegan ese final? ¬ŅQu√© nuevos modos de pensar la literatura surgir√≠an del axioma: ?La literatura es todo eso que sucede un instante antes del final de la literatura, de su agotamiento y de su desaparici√≥n'?"

NO DERRAMES TUS L√ĀGRIMAS POR NADIE QUE VIVA EN ESTAS CALLES. Patricio Pron, Random House. 348 p√°ginas