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Entrevista de la autora consigo misma sobre la historia omitida y sobre por qué Chernóbil pone en tela de juicio nuestra visión del mundo

-¬† Yo soy testigo de Chern√≥bil..., el acontecimiento m√°s importante del siglo xx, a pesar de las terribles guerras y revoluciones que marcan esta √©poca. Han pasado veinte a√Īos de la cat√°strofe, pero hasta hoy me persigue la misma pregunta: ¬Ņde qu√© dar testimonio, del pasado o del futuro? Es tan f√°cil deslizarse a la banalidad. A la banalidad del horror... Pero yo miro a Chern√≥bil como al inicio de una nueva historia; Chern√≥bil no solo significa conocimiento, sino tambi√©n preconocimiento, porque el hombre se ha puesto en cuesti√≥n con su anterior concepci√≥n de s√≠ mismo y del mundo. Cuando hablamos del pasado o del futuro, introducimos en estas palabras nuestra concepci√≥n del tiempo, pero Chern√≥bil es ante todo una cat√°strofe del tiempo. Los radion√ļclidos diseminados por nuestra Tierra vivir√°n cincuenta, cien, doscientos mil a√Īos. Y m√°s. Desde el punto de vista de la vida humana, son eternos. Entonces, ¬Ņqu√© somos capaces de entender? ¬ŅEst√° dentro de nuestras capacidades alcanzar y reconocer un sentido en este horror del que seguimos ignor√°ndolo casi todo?

- ¬ŅDe qu√© trata este libro? ¬ŅPor qu√© lo he escrito?

- Este libro no trata sobre Chern√≥bil, sino sobre el mundo de Chern√≥bil. Sobre el suceso mismo se han escrito ya miles de p√°ginas y se han sacado centenares de miles de metros de pel√≠cula. Yo, en cambio, me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma. La vida de lo ordinario en unas gentes corrientes. Aqu√≠, en cambio, todo es extraordinario: tanto las inhabituales circunstancias como la gente, tal como les han obligado las circunstancias, elev√°ndolos a una nueva condici√≥n al colonizar este nuevo espacio. Chern√≥bil para ellos no era una met√°fora ni un s√≠mbolo, era su casa. Cu√°ntas veces el arte ha ensayado el Apocalipsis, ha probado las m√°s diversas versiones tecnol√≥gicas del final del mundo, pero ahora sabemos positivamente que la vida es incomparablemente mucho m√°s fant√°stica. Un a√Īo despu√©s de la cat√°strofe, alguien me pregunt√≥: ¬ęTodos escriben. Y usted que vive aqu√≠, en cambio no lo hace. ¬ŅPor qu√©?¬Ľ. Yo no sab√≠a c√≥mo escribir sobre esto, con qu√© herramientas, desde d√≥nde enfocarlo. Si antes, cuando escrib√≠a mis libros, me fijaba en los sufrimientos de los dem√°s, a partir de entonces mi vida y yo se convirtieron en parte del suceso. Se fundieron en una sola cosa y no hab√≠a manera de mantener una distancia. El nombre de mi pa√≠s, un peque√Īo territorio perdido en Europa, del que el mundo no hab√≠a o√≠do decir casi nada, empez√≥ a sonar en todas las lenguas y se convirti√≥ en el diab√≥lico laboratorio de Chern√≥bil, y nosotros los bielorrusos nos convertimos en el pueblo de Chern√≥bil. Fuera a donde fuese, todo el mundo me observaba con curiosidad: ¬ęAh, ¬Ņusted es de all√≠? ¬ŅQu√© est√° pasando?¬Ľ. Naturalmente, pod√≠a haber escrito un libro r√°pidamente, una obra m√°s como las que luego aparecieron una tras otra: qu√© sucedi√≥ en la central aquella noche, qui√©n tiene la culpa, c√≥mo se ocult√≥ la aver√≠a al mundo, a su propio pueblo, cu√°ntas toneladas de arena y de hormig√≥n fueron necesarias para construir el sarc√≥fago sobre el mort√≠fero reactor... Pero hab√≠a algo que me deten√≠a. Que me sujetaba la mano. ¬ŅQu√©? La sensaci√≥n de misterio. Esta impresi√≥n, que se instal√≥ como un rayo en nuestro fuero interno, lo impregnaba todo: nuestras conversaciones, nuestras acciones, nuestros temores, y marchaba tras los pasos de los acontecimientos. Era un suceso que m√°s bien se parec√≠a a un monstruo. En todos nosotros se instal√≥, expl√≠cito o no, el sentimiento de que hab√≠amos alcanzando lo nunca visto. Chern√≥bil es un enigma que a√ļn debemos descifrar. Un signo que no sabemos leer. Tal vez el enigma del siglo xxi. Un reto para nuestro tiempo. Ha quedado claro que adem√°s de los desaf√≠os comunista y nacionalista y de los nuevos retos religiosos entre los que vivimos y sobrevivimos, en adelante nos esperan otros, m√°s salvajes y totales, pero que a√ļn siguen ocultos a nuestros ojos. Y, sin embargo, despu√©s de Chern√≥bil algo se ha vislumbrado. La noche del 26 de abril... Durante aquella √ļnica noche nos trasladamos a otro lugar de la historia. Realizamos un salto hacia una nueva realidad, y esta ha resultado hallarse por encima no solo de nuestro saber, sino tambi√©n de nuestra imaginaci√≥n. Se ha roto el hilo del tiempo. De pronto el pasado se ha visto impotente; no encontramos en √©l en qu√© apoyarnos; en el archivo omnisciente (al menos as√≠ nos lo parec√≠a) de la humanidad no se han hallado las claves para abrir esta puerta. Aquellos d√≠as o√≠ en m√°s de una ocasi√≥n: ¬ęNo encuentro las palabras para transmitir lo que he visto, lo que he experimentado¬Ľ, ¬ęno he le√≠do sobre algo parecido en libro alguno, ni lo he visto en el cine¬Ľ, ¬ęnadie antes me ha contado nada semejante¬Ľ. Entre el momento en que sucedi√≥ la cat√°strofe y cuando se empez√≥ a hablar de ella se produjo una pausa. Un momento para la mudez. Y lo recuerdan todos. All√° por las altas esferas se tomaban decisiones, se confeccionaban instrucciones secretas, se mandaba que levantaran el vuelo los helic√≥pteros, o que se trasladaran por las carreteras enormes cantidades de transportes; abajo se esperaba recibir informaci√≥n y se pasaba miedo, se viv√≠a a base de rumores, pero todos guardaban silencio sobre lo principal: ¬Ņqu√© es lo que realmente hab√≠a sucedido? No se hallaban palabras para unos sentimientos nuevos y no se encontraban los sentimientos adecuados para las nuevas palabras; la gente a√ļn no sab√≠a expresarse, pero, paulatinamente, se sumerg√≠a en la atm√≥sfera de una nueva manera de pensar; as√≠ es como podemos definir hoy nuestro estado de entonces. Sencillamente, ya no bastaba con los hechos; aspirabas a asomarte a lo que hab√≠a detr√°s de ellos, a penetrar en el significado de lo que acontec√≠a. Est√°bamos ante el efecto de la conmoci√≥n. Y yo estaba buscando a esa persona conmocionada. Esa persona enunciaba nuevos textos. A veces las voces se abr√≠an paso como llegadas desde un sue√Īo o desde una pesadilla, desde un mundo paralelo. Ante Chern√≥bil todo el mundo se pon√≠a a filosofar. Las personas se convert√≠an en fil√≥sofos. Los templos se llenaron de nuevo. Se llenaron de creyentes y de gente hasta el d√≠a anterior atea. Gente que buscaba respuestas que no les pod√≠an dar ni la f√≠sica ni las matem√°ticas. El mundo tridimensional se abri√≥ y dej√© de encontrarme con valentones que se atrevieran a jurar sobre la Biblia del materialismo. De pronto, se encendi√≥ cegadora la eternidad. Callaron los fil√≥sofos y los escritores, expulsados de sus habituales canales de la cultura y la tradici√≥n. Durante aquellos primeros d√≠as, con quien resultaba m√°s interesante hablar no era con los cient√≠ficos, los funcionarios o los militares de muchas estrellas, sino con los viejos campesinos. Gente que viv√≠a sin Tolst√≥i, sin Dostoyevski, sin internet, pero cuya conciencia, de alg√ļn modo, hab√≠a dado cabida a un nuevo escenario del mundo. Y su conciencia no se destruy√≥. Seguramente nos hubi√©ramos acostumbrado mejor a una situaci√≥n de guerra at√≥mica, como lo sucedido en Hiroshima, pues justamente para esa situaci√≥n nos prepar√°bamos. Pero la cat√°strofe se produjo en un centro at√≥mico no militar, y nosotros √©ramos gente de nuestro tiempo y cre√≠amos, tal como nos hab√≠an ense√Īado, que las centrales nucleares sovi√©ticas eran las m√°s seguras del mundo, que se pod√≠an construir incluso en medio de la Plaza Roja. El √°tomo militar era Hiroshima y Nagasaki; en cambio, el √°tomo para la paz era una bombilla el√©ctrica en cada hogar. Nadie pod√≠a imaginar a√ļn que ambos √°tomos, el de uso militar y el de uso pac√≠fico, eran hermanos gemelos. Eran socios. Nos hemos hecho m√°s sabios, todo el mundo se ha vuelto m√°s inteligente, pero despu√©s de Chern√≥bil. Hoy en d√≠a, los bielorrusos, como si se trataran de ¬ęcajas negras¬Ľ vivas, anotan una informaci√≥n destinada al futuro. Para todos. He escrito durante muchos a√Īos este libro. Casi veinte a√Īos. Me he encontrado y he hablado con ex trabajadores de la central, con cient√≠ficos, m√©dicos, soldados, evacuados, residentes ilegales en zonas prohibidas... Con las personas para las cuales Chern√≥bil representa el principal contenido de su vida, cuyo interior y cuyo entorno, y no solo la tierra y el agua, est√°n envenenados con Chern√≥bil. Estas personas contaban, buscaban respuestas. Reflexion√°bamos juntos. A menudo ten√≠an prisa, tem√≠an no llegar a tiempo, y yo a√ļn no sab√≠a que el precio de su testimonio era la vida. ¬ęApunte usted ?me dec√≠an?. No hemos comprendido todo lo que hemos visto, pero que queden nuestras palabras. Alguien las leer√° y entender√°. M√°s tarde. Despu√©s de nosotros...¬Ľ Ten√≠an raz√≥n en tener prisa; muchos de ellos ya no se encuentran entre los vivos. Pero les dio tiempo a mandar la se√Īal...

- Todo lo que conocemos de los horrores y temores tiene más que ver con la guerra. El gulag estalinista y Auschwitz son recientes adquisiciones del mal. La historia siempre ha sido un relato de guerras y de caudillos, y la guerra constituía, digamos, la medida del horror. Por eso, la gente confunde los conceptos de guerra y catástrofe. En Chernóbil se diría que están presentes todos los rasgos de la guerra: muchos soldados, evacuación, hogares abandonados... Se ha destruido el curso de la vida. Las informaciones sobre Chernóbil están plagadas de términos bélicos: átomo, explosión, héroes... Y esta circunstancia dificulta la comprensión de que nos hallamos ante una nueva historia. Ha empezado la historia de las catástrofes... Pero el hombre no quiere pensar en esto, porque nunca se ha parado a pensar en esto; se esconde tras aquello que le resulta conocido. Tras el pasado. Hasta los monumentos a los héroes de Chernóbil parecen militares.

- En mi primer viaje a la zona..., los huertos se cubr√≠an de flores, brillaba alegre al sol la hierba joven. Cantaban los p√°jaros. Era un mundo tan familiar..., tan conocido. La primera idea que te asaltaba era que todo estaba en su lugar, como siempre. La misma tierra, el mismo agua, los mismos √°rboles... En ellos, tanto las formas como los colores, as√≠ como los olores, son eternos, y nadie ser√° capaz de cambiarlos, ni siquiera un poco. Pero ya el primer d√≠a me explicaron que no hay que arrancar las flores de la tierra, que es mejor no sentarse, como tampoco hay que beber agua de los manantiales. Al atardecer, observ√© c√≥mo los pastores quer√≠an dirigir hacia el r√≠o al cansado reba√Īo, pero las vacas se acercaban al agua y, al instante, daban media vuelta. De alg√ļn modo intu√≠an el peligro. Y los gatos, me contaban, dejaron de comer los ratones muertos de los que estaba lleno el campo y los patios. La muerte se escond√≠a por todas partes; pero se trataba de algo diferente. Una muerte con una nueva m√°scara. Con aspecto falso. El hombre se vio sorprendido y no estaba preparado para esto. No estaba preparado como especie biol√≥gica, pues no le funcionaba todo su instrumental natural, los sensores dise√Īados para ver, o√≠r, palpar... los sentidos ya no serv√≠an para nada; los ojos, los o√≠dos y los dedos ya no serv√≠an, no pod√≠an servir, por cuanto que la radiaci√≥n no se ve y no tiene ni olor ni sonido. Es incorp√≥rea. Nos hemos pasado la vida luchando o prepar√°ndonos para la guerra, tantas cosas que sabemos de ella, ¬°y de pronto esto! Ha cambiado la imagen del enemigo. Nos ha salido un nuevo enemigo... Enemigos. Mataba la hierba segada. Los peces pesados en el r√≠o, la caza de los boques... Las manzanas... El mundo que nos rodeaba, antes amoldable y amistoso, ahora infund√≠a pavor. La gente mayor, cuando se marchaba evacuada y aun sin saber que era para siempre, miraba al cielo y se dec√≠a: ¬ęBrilla el sol. No se ve ni humo, ni gases. No se oyen disparos. ¬ŅQu√© tiene eso de guerra? En cambio, nos vemos obligados a convertirnos en refugiados...¬Ľ. Un mundo conocido..., convertido en desconocido. ¬ŅC√≥mo comprender d√≥nde nos encontramos? ¬ŅQu√© nos est√° pasando? Aqu√≠... Ahora... No hay a qui√©n preguntar. En la zona y a su alrededor..., asombraba la enorme cantidad de maquinaria militar. Los soldados marchando en formaci√≥n con sus armas reci√©n estrenadas. Con todo el armamento reglamentario al completo. No s√© por qu√© raz√≥n no se me quedaron grabados los helic√≥pteros ni los blindados, sino solo esos fusiles. Las armas. Hombres armados en la zona de Chern√≥bil. ¬ŅA qui√©n pod√≠an disparar o contra qu√© defenderse? ¬ŅDe la f√≠sica? ¬ŅDe las invisibles part√≠culas? ¬ŅAmetrallar la tierra contaminada o los √°rboles? En la propia central trabajaba el KGB. Buscaban esp√≠as y terroristas, corr√≠a el rumor de que la aver√≠a se hab√≠a debido a una acci√≥n planificada de los servicios secretos occidentales, para socavar el bloque socialista. Hab√≠a que mantenerse vigilantes. Y este escenario b√©lico... Esta cultura de guerra se desmoron√≥ literalmente ante mis ojos. Ingresamos en un mundo opaco en el que el mal no da explicaci√≥n alguna, no se pone al descubierto e ignora toda ley. Asist√≠ a c√≥mo el hombre anterior a Chern√≥bil se convirti√≥ en el hombre post Chern√≥bil.

- M√°s de una vez... ?y aqu√≠ hay en qu√© pararse a pensar? me han llegado opiniones seg√ļn las cuales el comportamiento de los bomberos que la primera noche apagaron el incendio en la central at√≥mica, as√≠ como el de los liquidadores, recordaba al de los suicidas. Un suicidio colectivo. Los liquidadores trabajaban a menudo sin los uniformes especiales de protecci√≥n, se dirig√≠an sin protestar all√≠ donde ¬ęmor√≠an¬Ľ los robots, se les ocultaba la verdad sobre las altas dosis recibidas, y ellos se resignaban a ello, y luego se alegraban incluso al recibir los diplomas y las medallas gubernamentales que les entregaban poco antes de su muerte. Y a muchos ni siquiera llegaron a tiempo de entreg√°rselos. As√≠ pues, ¬Ņde qui√©n estamos hablando, de h√©roes o de suicidas? ¬ŅDe v√≠ctimas de las ideas y la educaci√≥n sovi√©ticas? No se sabe por qu√© con el tiempo se olvidan de que estos hombres salvaron a su pa√≠s. Han salvado a Europa. ¬ŅQui√©n puede imaginarse aunque sea por un segundo el panorama si hubieran explotado los tres reactores restantes?

- Son unos h√©roes. H√©roes de la nueva historia. Se los compara con los h√©roes de las batallas de Stalingrado o de Waterloo, pero ellos han salvado algo m√°s importante que su propia patria, han salvado la vida misma. El tiempo de la vida. El tiempo vivo. Con Chern√≥bil, el hombre ha alzado su mano contra todo, ha atentado contra toda la creaci√≥n divina, donde, adem√°s del hombre, viven miles de otros seres vivos. Animales y plantas. Cuando fui a verlos... Y cuando escuchaba sus relatos sobre c√≥mo se dedicaban (¬°los primeros y por primera vez!) a una tarea nueva, humana e inhumana a la vez, que era la de enterrar la tierra en la tierra, es decir, la de enterrar en b√ļnkeres de hormig√≥n especiales las capas contaminadas junto con todos sus habitantes: escarabajos, ara√Īas, cris√°lidas... Los m√°s diversos insectos cuyos nombres incluso desconoc√≠an. O no recordaban. Estos hombres ten√≠an una idea completamente distinta de la muerte, y esta idea se extend√≠a a todo: desde el ave a la mariposa, su mundo ya era otro mundo; un mundo con un nuevo derecho a la vida, con un nuevo sentido de la responsabilidad y un nuevo sentimiento de culpa. En sus relatos estaba presente el tema constante del tiempo; esos hombres dec√≠an: ¬ępor primera vez¬Ľ, ¬ęnunca m√°s¬Ľ, ¬ępara siempre¬Ľ... Recordaban c√≥mo recorr√≠an las aldeas desiertas y se encontraban a veces all√≠ a ancianos solitarios que no hab√≠an querido partir con los dem√°s o que hab√≠an regresado m√°s tarde de su exilio: hombres que viv√≠an a la luz del candil, segaban con la guada√Īa y la hoz, cortaban le√Īa con el hacha y se dirig√≠an en sus oraciones a los animales y los esp√≠ritus. A Dios. Todos, como doscientos a√Īos atr√°s, mientras arriba surcaban el cielo las naves espaciales. El tiempo se hab√≠a mordido la cola. El principio y el fin se hab√≠an unido. Para aquellos que estuvieron all√≠, Chern√≥bil no terminaba en Chern√≥bil. Y estos hombres no regresaron de una guerra... Sino se dir√≠a que de otro planeta. Yo comprend√≠ que de manera completamente consciente aquellos hombres convert√≠an sus sufrimientos en un nuevo conocimiento. Nos lo regalaban dici√©ndonos: habr√°n de hacer alguna cosa con este conocimiento y emplearlo de alg√ļn modo. Los h√©roes de Chern√≥bil tienen un monumento. Es el sarc√≥fago que han construido con sus propias manos y en el que han depositado la llama nuclear. Una pir√°mide del siglo xx.

- En la tierra de Chern√≥bil uno siente l√°stima del hombre. Pero m√°s pena dan los animales. Y no he dicho una cosa por otra. Ahora lo aclaro... ¬ŅQu√© es lo que quedaba en la zona muerta cuando se marchaban los hombres? Las viejas tumbas y las fosas biol√≥gicas, los as√≠ llamados ¬ęcementerios para animales¬Ľ. El hombre solo se salvaba a s√≠ mismo, traicionando al resto de los seres vivos. Despu√©s de que la poblaci√≥n abandonara el lugar, en las aldeas entraban unidades de soldados o de cazadores que mataban a tiros a todos los animales. Y los perros acud√≠an al reclamo de las voces humanas..., tambi√©n los gatos. Y los caballos no pod√≠an entender nada. Cuando ni ellos, ni las fieras ni las aves eran culpables de nada, y mor√≠an en silencio, que es algo a√ļn m√°s pavoroso. Hubo un tiempo en que los indios de M√©xico e incluso los hombres de la Rusia precristiana ped√≠an perd√≥n a los animales y a las aves que deb√≠an sacrificar para alimentarse. Y en el Antiguo Egipto, el animal ten√≠a derecho a quejarse del hombre. En uno de los papiros conservados en una pir√°mide se puede leer: ¬ęNo se ha encontrado queja alguna del toro contra N¬Ľ. Antes de partir hacia el reino de los muertos, los egipcios le√≠an una oraci√≥n que dec√≠a: ¬ęNo he ofendido a animal alguno. Y no lo he privado ni de grano ni de hierba¬Ľ. ¬ŅQu√© nos ha dado la experiencia de Chern√≥bil? ¬ŅHa dirigido nuestra mirada hacia el misterioso y callado mundo de los ¬ęotros¬Ľ?

- En una ocasi√≥n vi c√≥mo los soldados entraron en una aldea de la que se hab√≠an marchado sus habitantes y se pusieron a disparar. Gritos impotentes de los animales... Gritaban en sus diferentes lenguas. Sobre este hecho ya se ha escrito en el Nuevo Testamento. Lleg√≥ Jes√ļs al templo de Jerusal√©n y vio all√≠ a unos animales dispuestos para el sacrificio ritual: con los cuellos cortados y desangr√°ndose. Entonces, Jes√ļs grit√≥: ¬ęHab√©is convertido la casa de oraciones en una cueva de ladrones¬Ľ. Pod√≠a haber a√Īadido ¬ęen un matadero¬Ľ. Para m√≠, los centenares de ¬ębiofosas¬Ľ abandonadas en la zona representan aquellos mismos t√ļmulos funerarios de la Antig√ľedad. Pero ¬Ņdedicados a qu√© dioses? ¬ŅAl dios de la ciencia y el saber, o al dios del fuego? En este sentido, Chern√≥bil ha ido m√°s all√° que Auschwitz y Kolim√°. M√°s all√° que el Holocausto. Nos propone un punto final. Se apoya en la nada. Veo el mundo de mi entorno con otros ojos. Una peque√Īa hormiga se arrastra por el suelo y ahora me resulta m√°s cercana. Un ave surca el cielo y me resulta m√°s pr√≥xima. Se ha reducido la distancia entre ellos y yo. No existe el abismo de antes. Todo es vida. Tambi√©n se me grabaron cosas como esta. Me contaba un viejo apicultor (y m√°s tarde lo escuch√© de otra gente): ¬ęSal√≠ por la ma√Īana al jard√≠n y not√© que me faltaba algo, cierto sonido familiar. No hab√≠a ni una abeja. ¬°No se o√≠a a ni una abeja! ¬°Ni una! ¬ŅQu√© es esto? ¬ŅQu√© pasa? Tampoco al segundo d√≠a levantaron el vuelo. Ni al tercero. Luego nos informaron de que en la central nuclear se hab√≠a producido una aver√≠a, y la central est√° aqu√≠ al lado. Pero durante mucho tiempo no supimos nada. Las abejas se hab√≠an dado cuenta, pero nosotros no. Ahora, si noto algo raro, me fijar√© en ellas. En ellas est√° la vida¬Ľ. Otro ejemplo. Entabl√© conversaci√≥n junto al r√≠o con unos pescadores y estos me contaron: ¬ęNosotros esper√°bamos que nos explicaran la cosa por la televisi√≥n. Que nos dijeran c√≥mo salvarnos. En cambio, las lombrices... Las lombrices m√°s comunes se enterraron muy hondo en la tierra, se fueron a medio metro y hasta a un metro de profundidad. En cambio, nosotros no entend√≠amos nada. Cav√°bamos y cav√°bamos. Y no encontramos ni una lombriz para ir a pescar¬Ľ. ¬ŅQui√©n es el primero, qui√©n est√° m√°s s√≥lida y m√°s eternamente ligado a la tierra, nosotros o ellos? Lo que tendr√≠amos que hacer es aprender de ellos c√≥mo sobrevivir. Y c√≥mo vivir.

- Han confluido dos cat√°strofes. Una social: ante nuestros ojos se derrumb√≥ la Uni√≥n Sovi√©tica, se sumergi√≥ bajo las aguas el gigantesco continente socialista, y otra c√≥smica: Chern√≥bil. Dos explosiones globales. Y la primera resulta m√°s cercana, m√°s comprensible. La gente est√° preocupada por el d√≠a a d√≠a y por su vida cotidiana: ¬ŅCon qu√© comprar? ¬ŅAd√≥nde marcharse? ¬ŅBajo qu√© banderas avanzar de nuevo? ¬ŅO hay que aprender a vivir para uno mismo, vivir cada uno su propia vida? Esto √ļltimo lo ignoramos, no lo sabemos hacer, porque hasta ahora nunca hemos vivido de ese modo. Esto es algo que experimentamos todos y cada uno. En cambio, de Chern√≥bil querr√≠amos olvidarnos, porque ante √©l nuestra conciencia capitula. Es una cat√°strofe de la conciencia. El mundo de nuestras convicciones y valores ha saltado por los aires. Si hubi√©ramos vencido a Chern√≥bil, lo habr√≠amos entendido hasta el final y habr√≠amos escrito m√°s sobre √©l. En cambio, seguimos viviendo en un mundo cuando nuestra conciencia habita en otro. La realidad resbala sobre nosotros y no tiene cabida en el hombre.

- Sí. No hay modo de atrapar la realidad?

- Un ejemplo. Hasta hoy empleamos los viejos t√©rminos: ¬ęlejos-cerca¬Ľ, ¬ęnuestros-extra√Īos¬Ľ... Pero ¬Ņqu√© quiere decir ¬ęlejos¬Ľ o ¬ęcerca¬Ľ despu√©s de Chern√≥bil, cuando ya al cuarto d√≠a sus nubes sobrevolaban √Āfrica y China? La Tierra ha resultado ser tan peque√Īa. Ya no es la Tierra que conoci√≥ Col√≥n. Es ilimitada. Ahora se nos ha formado una nueva sensaci√≥n de espacio. Vivimos en un espacio arruinado. M√°s aun. En los √ļltimos a√Īos, el hombre vive cada vez m√°s, pero, de todos modos, la vida humana sigue siendo min√ļscula e insignificante comparada con la de los radion√ļclidos instalados en nuestra Tierra. Muchos de ellos vivir√°n milenios. ¬°Imposible asomarnos a esa lejan√≠a! Ante este fen√≥meno experimentas una nueva sensaci√≥n del tiempo. Y todo esto es Chern√≥bil. Sus huellas. Lo mismo ocurre con nuestra relaci√≥n con el pasado, con la ciencia ficci√≥n, con nuestros conocimientos... El pasado se ha visto impotente ante Chern√≥bil; lo √ļnico que se ha salvado de nuestro saber es la sabidur√≠a de que no sabemos. Se est√° produciendo una perestroika, una reestructuraci√≥n de los sentimientos. Ahora, en lugar de las frases habituales de consuelo, el m√©dico le dice a una mujer acerca de su marido moribundo: ¬ę¬°No se acerque a √©l! ¬°No puede besarlo! ¬°Prohibido acariciarlo! Su marido ya no es un ser querido, sino un elemento que hay que desactivar¬Ľ. ¬°Ante esto, hasta Shakespeare se queda mudo! Como el gran Dante. Acercarse o no, esta es la cuesti√≥n. Besar o no besar. Una de mis hero√≠nas (embarazada en ese mismo momento) se acercaba y besaba a su marido, y no lo abandon√≥ hasta que le lleg√≥ la muerte. El precio que pag√≥ por su acto fue perder la salud y la vida de su hija. Pero ¬Ņc√≥mo elegir entre el amor y la muerte? ¬ŅEntre el pasado y el ignorado presente? ¬ŅY qui√©n se creer√° con derecho a echar en cara a otras esposas y madres que no se quedaran junto a sus maridos e hijos? Junto a esos elementos radiactivos. En su mundo se vio alterado incluso el amor. Hasta la muerte. Ha cambiado todo. Todo menos nosotros.

- La zona... Es un mundo aparte. Otro mundo en medio del resto de la Tierra. Primero se la inventaron los escritores de ciencia ficci√≥n, pero la literatura cedi√≥ su lugar ante la realidad. Ahora ya no podemos creer, como los personajes de Ch√©jov, que dentro de cien a√Īos el mundo ser√° maravilloso. ¬°La vida ser√° maravillosa! Hemos perdido este futuro esos cien a√Īos ha pasado el gulag de Stalin, Auschwitz... Chern√≥bil... El 11 de septiembre de Nueva York... Es inconcebible c√≥mo se ha dispuesto esta sucesi√≥n de hechos, c√≥mo ha cabido en la vida de una generaci√≥n, en sus proporciones. En la vida de mi padre, por ejemplo, que tiene ahora ochenta y tres a√Īos. ¬°Y el hombre ha sobrevivido! Un destino construye la vida de un hombre, la historia est√° formada por la vida de todos nosotros. Yo quiero contar la historia de manera que no se pierdan los destinos de los hombres... ni de un solo hombre.

- En Chern√≥bil se recuerda ante todo la vida ¬ędespu√©s de todo¬Ľ: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte. Hasta te asalta la duda de si se trata del pasado o del futuro. En m√°s de una ocasi√≥n me ha parecido estar anotando el futuro.