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Noticia

La escritora Claudia Piñeiro, autora Las maldiciones y el recientemente publicado Quién no, eligió ocho libros escritos por mujeres que leyó a lo largo de este año. A través de un posteo escrito en su muro de Facebook, la autora de Alfaguara anticipó que subirá "de a poco aquellas (novelas) que creo que no deberían perderse. Todas muy buenas, todas diferentes, todas una voz y un estilo propio", afirmó.

1- Doble Fondo, Elsa Osorio

En 2004, el cuerpo de Marie Le Boullec, una médica respetada, aparece ahogado en las costas de un tranquilo pueblo en Francia. Muriel, una joven y apasionada reportera que cubre la noticia para el diario local, intuye que no se trata de un suicidio. Y con la ayuda de un singular equipo, inicia una investigación paralela.

En los años setenta, Juana Alurralde, una militante montonera, prisionera en la ESMA, logra sobrevivir y que liberen a su hijo de 3 años, secuestrado con ella. Pero el costo es muy alto. Protegida por un marino, es destinada a trabajar para el Centro Piloto París. Las decisiones de Juana serán cada vez más difíciles y probarán sus propios límites.

Presente y pasado se entrecruzan, y es la obstinada Muriel la que reconstruye la historia de una mujer valiente, la obsesión de un asesino y la búsqueda de Matías, un hijo que no perdona las decisiones de su madre. Basada en investigaciones y testimonios de sobrevivientes, Elsa Osorio une con maestría y sensibilidad las voces de una tragedia que ahonda en dilemas éticos y humanos. Una novela conmovedora e intensa que se aferra a la vida.

  1. La respiración violenta del mundo, Ángela Pradelli

La respiración violenta del mundo narra la historia de una abuela y una nieta en pleno auge de la represión política de la década de 1970.  Emilia tiene cinco años cuando los militares se llevan a su mamá de la casa en Burzaco donde se escondían. La nena va a parar a un orfanato y poco después es apropiada por un matrimonio. Sus apropiadores, católicos y estrictos, deciden llamarla Florencia. Al principio, Emilia no se reconoce en ese nombre, pero poco a poco el pasado ?las caricias de su madre, las canciones que su padre le cantaba al oído, el recuerdo de los zapatos verdes que le regaló su abuela Lina? va quedando enterrado en lo más profundo de su conciencia. Mientras tanto, Lina la busca sin descanso con la ayuda de Quica y Herminia que, como ella, han perdido a sus hijos a manos de las ?fuerzas del orden?. 

Escrita al modo de una crónica, esta novela de Ángela Pradelli avanza en escenas que van reconstruyendo el mapa demencial de una familia rota. Descarnado, alejado del melodrama, el relato alcanza una emoción tanto más honda cuanto más desapasionado es el tono. Se diría que la novela contiene la respiración, y el lector lo hace con ella.

  1. Adentro tampoco hay luz, Leila Sucari

La protagonista de esta historia, una nena que está por entrar en la pubertad, llega a la casa donde viven su abuela y su prima en el campo. Pero lo que sigue no es un idílico relato campestre. Al contrario. Ellas son mujeres aisladas, encerradas cada una en su propio desamparo, en una tierra yerma que ha dejado de ofrecer futuro.

Sin embargo, la mirada infantil logra abrirse paso como se abre paso la naturaleza. Es temporada de moras: el tiempo se rige por los frutos de los árboles, mientras una chancha o un lagarto se convierten en los mejores amigos. Desde esta visión, el mundo parece ser también una criatura y para explicarlo hace falta inventarlo con lo que hay a mano: imagen y descubrimiento.

Leila Sucari logra construir la voz de una niña cuya capacidad de observación es ajena a los prejuicios de los adultos. Su lenguaje es pura iluminación. Distinguida con el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, Adentro tampoco hay luz se inscribe en la tradición de las novelas de iniciación, con una frescura sorprendente, que conmueve y divierte.

  1. Las aventuras de la China Iron, Gabriela Cabezón Cámara

Radiante, luminoso. El desierto es un prisma de perros, cardos, polvo y cielo. La China Iron acompaña a Liz, una inglesa que va tras su marido llevado por la leva. Ella, en cambio, no busca a Martín Fierro, ese gaucho que se la ganó en un partido de truco. La China escapa. Y es su viaje exploración: de la textura de la seda, del sabor del té, del sofoco en que estalla el sexo. Descubre palabras. Sonidos nuevos para cosas que antes no existían.

Pasan del desierto al fortín, un experimento social que intenta transformar a una masa de criollos brutos en los ciudadanos industriosos que pide la Nación. Pero será en las tolderías que la China y su feliz comitiva encontrarán el Paraíso. También allí, Gabriela Cabezón Cámara reanima su pertinaz aventura literaria: la de fundar un mundo libre, en el que las criaturas se abracen por deseo y gocen el mismo amor de ríos, pájaros y árboles. Y no se sientan solas jamás.

  1. La habitación alemana, Carla Maliandi

Podemos afirmar que La habitación alemana, primera novela de Carla Maliandi, inventa un género nuevo. Esa será sin dudas una exageración. Pero si podemos decir que el texto gira en torno a lo que bien podríamos llamar novela de no aprendizaje: una protagonista mujer, joven, viaja a Alemania atrapada por conflictos sentimentales y no dejan de sucederle toda clase de peripecias y accidentes .algunos trágicos, otros cómicos.

  1. Mosca blanca, mosca muerta, Ana Ojeda

Una vieja vitalista, en la plenitud de su cuarta edad, dispara una incontenible efervescencia verbal en forma de monólogo para repasar los hechos de su vida. En su ilación, la infancia, la adolescencia y la juventud van y vienen del presente en una suerte de permanente continuo en el que el lenguaje asume un rol protagónico: una mente mayor ejercitándose en el arte de la memoria, embutida en un cuerpo que se mantiene en forma gracias a una equilibrada combinación de gimnasio, sexo y paseos en moto.

¿Qué hace esta mujer en su discurso? ¿Presume, alardea, desvaría? Se diría que, más bien, todo a la vez. Una rara avis, pero con la lucidez para integrarse socialmente y pasar desapercibida, esta Mosca blanca, mosca muerta conserva intactos ?o está absolutamente decidida a recuperar, ¡a su edad!? la capacidad de asombro, el deseo y la voluntad de contarlo todo sin pelos en la lengua.

  1. El rapto, Miriam Molero

Un secuestro del que, hasta el último momento, se desconocen los motivos. Una intriga, que los personajes parecen ignorar, recorre toda la novela, se mezcla con las preguntas que se amontonan en una charla entre el secuestrado y el secuestrador: ¿Qué sucede si la libertad que consideramos preciada es ilusoria?; ¿qué sucede si no hay hacia dónde escapar, si la red que nos envuelve es infinita?; ¿qué pasaría si nos damos cuenta de que hay un poder detrás de las cosas que decide por nosotros, un poder que elige, incluso, la existencia misma de lo que nos rodea?

El rapto, además de un secuestro, también puede ser un lapsus, un arrebato, una forma del azar capaz de urdir una trama más elaborada que todos los cálculos y previsiones de quienes quieren controlar la ilusión de la libertad. Como quien lanza una piedra al aire y no puede medir las consecuencias de ese acto. Con ese infinito de posibilidades la novela sorprende y atrapa al lector.

  1. Tiempo muerto, Margarita Garcia Robayo

El matrimonio de Lucía y Pablo es un espejo de la sutil forma que puede llegar a cobrar la violencia cuando llega el fin del amor. Esta es la historia descarnada de ese tiempo muerto, de ese amplio y doloroso espacio que se abre, muchas veces de manera inexplicable, entre dos seres que se aman.