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Noticia

La plaza de enfrente

Publicada el 16/06/2020

Por Gabriela Exilart, autora de En la arena de Gijón 

Escribo. Como todos los días, estoy sentada frente a la ventana que da al parque. Los chicos con sus bicicletas trepan por la rampa y se deslizan a extrema velocidad en una olla sin fin. Vuelvo los ojos a mi pantalla. Mi protagonista, una escritora mediocre, sufre el pavor de la hoja en blanco. Inventa historias en su cabeza y nada la atrae. Está como yo, que no logro meterme de lleno en esta nueva novela. De pronto algo se le ocurre y empieza a escribir. Es una novela distópica, algo nuevo para ella que siempre escribió romántica. Hay un virus letal y la gente debe recluirse en sus casas evitando el acercamiento. La vida cambia para todos, ya no hay cumpleaños, asados, bailes ni festejos. Nada, hasta lo más odiado empieza a extrañarse, incluso los chicos piden ir a la escuela. Mi protagonista teclea entusiasmada mientras a través de su ventana los jóvenes de la plaza de enfrente también se tiran con sus bicicletas en esa olla sin fin. Su historia avanza mientras el sol atraviesa el día y se vuelve noche. Ahora en la plaza de enfrente ve a través de la ventana a las parejas que acuden a besarse y tocarse bajo las farolas, pero ella está tan entusiasmada con su novela que prefiere quedarse adentro. Sonrío y dejo de teclear. Es hora de levantarme y dar una vuelta para estirar las piernas y respirar aire puro. Me asomo a la ventana, todavía hay sol. La plaza de enfrente está vacía y silenciosa. Abro la puerta y atravieso el jardín que hay delante de mi casa. La cuadra también está vacía, excepto por los policías armados con barbijos que me impiden salir.