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Noticia

 

- ¬ŅDije muchas estupideces?

Sentado en el sillón del camarín, Gustavo Cerati fumaba un Jockey suave largo y miraba su teléfono con ansiedad. Todavía tenía puesto el traje blanco que había usado en el show. Era la medianoche del sábado y, mientras esperaba que Chloé le respondiera desde Madrid, empezaba a avergonzarse de todo lo que había dicho en el escenario.

Media hora antes hab√≠a terminado el √ļltimo show del tour de Fuerza natural por Latinoam√©rica y Estados Unidos. Gustavo estaba contento y agotado, empezando a relajarse despu√©s de un mes y medio de aviones, hoteles, fiestas y conciertos. Hab√≠a sido una de esas noches en las que todo sal√≠a bien: el campus de la Universidad Sim√≥n Bol√≠var de Caracas estaba lleno y la banda hab√≠a sonado como un organismo vivo y poderoso. Despu√©s de comer con el resto del equipo en una de las carpas montadas detr√°s del escenario, el sonidista Adri√°n Taverna y el guitarrista Richard Coleman acababan de entrar a su camar√≠n para charlar un rato. Eran sus m√°s viejos amigos, se conoc√≠an desde comienzos de los 80, antes de que Soda Stereo grabara su primer disco. Cuando terminaban los conciertos, Taverna sol√≠a pasar un rato por su camar√≠n para hablar sobre c√≥mo hab√≠a salido todo. Era una especie de ritual.

- Fue el show m√°s exitoso de la gira ?les dijo Gustavo apenas los vio llegar.

Mientras se sentaban, una moza entró y dejó sobre la mesa una bandeja con un medallón de lomo y una ensalada. Gustavo terminó de fumar su cigarrillo y les preguntó con una sonrisa si había dicho muchas estupideces.

- Sí, como siempre - le contestó Coleman.

Era uno de los pocos que no se mostraba afectado por su estatus de estrella de rock y se divertía diciéndole lo que otros no se animaban. Taverna lo miró con cara de aturdido. Sabía que Gustavo siempre se sentía inseguro cuando hablaba entre las canciones. Entonces, Coleman agregó:

- Pero a la gente le encanta que digas estupideces.

Los tres se rieron. Hac√≠a calor. Era una noche espesa en Caracas. En el camar√≠n hab√≠a un espejo, luces ambientales, dos sillones blancos, unas sillas de pl√°stico y una mesa con frutas, botellitas de agua y latas de cerveza. El lugar estaba en un peque√Īo valle rodeado de monta√Īas. Durante el show, varias nubes hab√≠an invadido el escenario dejando a la banda a ciegas.

- Ya sé a qué viniste -le dijo Gustavo a Taverna mientras comía el bife-. Me di cuenta que sonó bien.

Dos noches antes hab√≠an tenido algo parecido a una discusi√≥n. La ante√ļltima fecha de la gira hab√≠a sido en el Coliseo El Camp√≠n, en Bogot√°, un anfiteatro de cemento y techo de chapa con una ac√ļstica dif√≠cil. Gustavo, fastidiado por el mal sonido, pero tambi√©n por la poca gente que hab√≠a ido a verlos, se lo hab√≠a recriminado a Taverna en los camarines.

Cuando volv√≠a al hotel a la madrugada despu√©s de tocar, Gustavo abr√≠a su MacBook y se quedaba un rato chateando por Facebook mientras buscaba en internet los videos del show que la gente hab√≠a filmado con sus celulares para analizar c√≥mo hab√≠a sonado la banda y c√≥mo se ve√≠an los efectos de luces. Era fan√°tico de los videos de sus fan√°ticos. Los miraba con detenimiento, estudi√°ndose a s√≠ mismo desde la perspectiva del p√ļblico, ajustando su imagen mental y sus neurosis a la realidad. Un momento de contemplaci√≥n disociativa antes de dormirse. Taverna le dec√≠a que esos videos ten√≠an un audio p√©simo y no serv√≠an para tomar de referencia, pero Gustavo le respond√≠a que igual se daba cuenta.

Mientras charlaban esa noche en Venezuela, Taverna lo notó apagado. Nicolás Bernaudo, su asistente, entró para avisarle que uno de los productores venezolanos del show quería saludarlo y Taverna y Coleman aprovecharon para ir a sus camarines.

- Che, ¬Ņte pasa algo? - le pregunt√≥ Taverna antes de salir.

- No... Estoy cansado.

- Bueno, aprovech√° para descansar que ma√Īana ten√©s que viajar. ¬ŅQuer√©s hacer algo?

- No, no, quiero dormir hoy. Taverna sali√≥ del camar√≠n desconcertado con la respuesta que acababa de escuchar. En casi treinta a√Īos compartiendo giras y shows, Gustavo nunca se hab√≠a ido a dormir despu√©s de tocar. Esa charla no dur√≥ m√°s de diez minutos, pero fue la m√°s larga que tuvieron en toda la gira. Gustavo hab√≠a pasado casi todo el tiempo con Chlo√© Bello, una modelo de veintitr√©s a√Īos con la que hab√≠a empezado a salir en el verano. S√≥lo se cruzaba con los m√ļsicos en el lobby de los hoteles, las pruebas de sonido y el escenario. Reci√©n los √ļltimos d√≠as, cuando Chlo√© viaj√≥ a Espa√Īa, Gustavo estuvo con sus m√ļsicos.

Afuera del camar√≠n general estaba lleno de gente y Taverna encontr√≥ al resto de la banda organizando la foto grupal que sacaban cuando terminaban alg√ļn tramo de la gira. Fernando Samalea, el baterista, estaba trepado a una silla de pl√°stico, acomodando la c√°mara arriba de un mueble para que disparara en autom√°tico. Mientras se amontonaban seg√ļn las indicaciones de Samalea, se dieron cuenta de que faltaba Gustavo y alguien le grit√≥ que fuera, que solo faltaba √©l.

Gustavo apareci√≥ a √ļltimo momento y se par√≥ atr√°s de Taverna. El primer disparo de la c√°mara sali√≥ sin flash, as√≠ que Samalea pidi√≥ que nadie se moviera y se volvi√≥ a subir a la silla para reprogramarla. Taverna se dio vuelta para decirle algo a Gustavo y lo vio p√°lido, con los ojos desorbitados.

- ¬ŅTe sent√≠s bien? - le pregunt√≥.

Gustavo abri√≥ la boca para contestarle, pero no acert√≥ a decirle nada. Fue como si los m√ļsculos de su mand√≠bula no encontraran las palabras. Entonces la c√°mara dispar√≥ su flash y todo el equipo qued√≥ registrado en la √ļltima foto de la gira. A su alrededor el grupo se empez√≥ dispersar y Gustavo camin√≥ confundido hacia su camar√≠n. Mientras lo ve√≠a alejarse, Taverna le pidi√≥ a Bernaudo que lo acompa√Īara a ver qu√© le pasaba. Cuando entraron, Gustavo estaba tirado en el sill√≥n, con el saco a un costado, la camisa desabrochada y la boca entreabierta. Pensaron que ten√≠a un pico de presi√≥n o que tal vez le hab√≠a dado un infarto. Bernaudo corri√≥ a buscar a los param√©dicos y al ratito volvi√≥ con dos chicos que no tendr√≠an m√°s de veinte a√Īos y que al ver a Gustavo Cerati descompensado no supieron qu√© hacer. Charly Michel, el kinesi√≥logo que viajaba con el equipo, revis√≥ qu√© remedios ten√≠an los param√©dicos en sus bolsos y les pidi√≥ que fueran a buscar la camilla. Gustavo se pod√≠a mover pero estaba como abrumado, lento, y no pod√≠a hablar.
 
Afuera, los m√ļsicos y los invitados empezaron a notar los movimientos extra√Īos sin entender qu√© pasaba. Cuando los param√©dicos volvieron con la camilla, Fernando Travi, el manager de Gustavo, les pidi√≥ a los encargados de seguridad que desalojaran a toda la gente que no era del equipo. El ruido de ese momento fue el bullicio festivo del final de gira apag√°ndose mientras la gente sal√≠a hasta convertirse en el peque√Īo eco de las voces de los que estaban ah√≠. Cuando el murmullo se apag√≥ del todo, los m√ļsicos y t√©cnicos que quedaban escucharon el bip-bip de una m√°quina de monitoreo card√≠aco que sonaba desde el camar√≠n. Pas√≥ casi una hora hasta que lograron desalojar completamente el lugar: no quer√≠an que la descompensaci√≥n se convirtiera en noticia. Un rato m√°s tarde, dentro de la ambulancia, mientras atravesaban los suburbios residenciales de Caracas a la medianoche, Gustavo todav√≠a parec√≠a estar experimentando c√≥mo el software de su conciencia se enrarec√≠a: estaba acostado en la camilla con los ojos abiertos pero con la mirada perdida. Dejaron atr√°s una zona industrial con f√°bricas, concesionarias de autos y un bingo abandonado antes de llegar al Centro M√©dico Docente La Trinidad.

Cuando bajaron la camilla en la entrada del sector de Emergencias, se encontraron con que los pasillos estaban a oscuras: se hab√≠a cortado la luz. Mientras avanzaban se cruzaron con una enfermera que les dijo que el grupo electr√≥geno del hospital s√≥lo funcionaba para la terapia intensiva y los quir√≥fanos, as√≠ que volvieron a cargarlo en la ambulancia y lo llevaron hasta otro centro de estudios de la ciudad para que lo atendieran. Una hora despu√©s, cuando terminaron de hacerle los ex√°menes, lo volvieron a trasladar a La Trinidad. Ya hab√≠a vuelto la luz y lo dejaron unas horas en observaci√≥n en la guardia, pero como no presentaba ninguna mejor√≠a ni los m√©dicos ten√≠an un diagn√≥stico de su estado, a eso de las¬†¬†cuatro de la ma√Īana lo alojaron en la suite presidencial del tercer piso y llamaron por tel√©fono a un cardi√≥logo, que les dijo que reci√©n iba a poder ir a las diez. La habitaci√≥n ten√≠a una sala de estar contigua en la que se acomodaron Taverna, Michel y Travi. A las cinco de la ma√Īana Taverna pidi√≥ un taxi para volverse a dormir al hotel. Reci√©n entonces Michel y Travi tuvieron tiempo de pensar que mucha gente de la organizaci√≥n hab√≠a visto c√≥mo sacaban a Gustavo en camilla: la noticia no iba a tardar en filtrarse. Decidieron dar una versi√≥n oficial desde su cuenta de Twitter. "Gustavo tuvo una descompensaci√≥n luego del show en Caracas, pero informamos que se est√° recuperando favorablemente", escribi√≥ Travi desde su iPhone. A esa altura de la noche, una enfermera le hab√≠a dado un sedante y Gustavo dorm√≠a.

Como volaban al d√≠a siguiente, los m√ļsicos hab√≠an dejado sus valijas hechas antes de salir para el estadio. Era la √ļltima noche y ten√≠an planeado ir a una fiesta en la que hab√≠an contratado al tecladista Leandro Fresco para que pasara m√ļsica. Sab√≠an que se iban a acostar demasiado tarde para ponerse a guardar la ropa al d√≠a siguiente, a √ļltimo momento, con las combis esperando abajo para llevarlos al aeropuerto. Esa noche, con Gustavo viajando en la ambulancia rumbo a un hospital de la ciudad, todos decidieron volver al hotel pero nadie pudo dormir. A las dos de la ma√Īana estaban reunidos en la habitaci√≥n que compart√≠an los dos guitarristas, Coleman y Gonzalo C√≥rdoba, atentos a las pocas novedades que les llegaban a trav√©s de Macarena Amarante, la road manager del tour. Trataban de entender qu√© hab√≠a pasado. No sab√≠an si era un pico de presi√≥n, un infarto, o algo peor. Se preguntaban si habr√≠a sido el estr√©s que le hab√≠a ca√≠do despu√©s del show, un ataque al coraz√≥n, la coca√≠na, pero no, Coleman hab√≠a estado con √©l y lo hab√≠a visto relajado, comiendo un bife.

El segundo tramo del tour internacional de Fuerza natural hab√≠a empezado tres semanas antes en Lima, la noche del 24 de abril. El show que Gustavo y su equipo hab√≠an dise√Īado para la gira estaba dividido en dos. En la primera parte, sal√≠an vestidos de negro y el setlist se concentraba casi completamente en Fuerza natural. En la segunda parte, sal√≠an vestidos de blanco y se sumerg√≠an en el resto de su carrera solista y en algunas canciones de Colores santos, el disco que hab√≠a grabado con Daniel Melero en 1992.

El final era con Lago en el cielo, su tema de Ahí vamos que terminaba con Gustavo tocando un solo de guitarra. El show en Lima fue en un escenario montado contra la tribuna norte del Estadio San Marcos de Lima, frente a unas 8 mil personas. Ricardo Arjona estaba presentando su álbum Quinto piso en la explanada del Estadio Monumental de Lima ante unas 20 mil personas, con un escenario que incluía una rampa mecánica, un bar y la réplica de un edificio de cinco pisos, y los medios habían creado una pica entre los dos conciertos. "Ahora vamos a tocar una de Arjona" bromeó Gustavo en un momento de la noche. Al día siguiente volaron hacia Los Angeles y tuvieron tres días libres antes de tocar en el Club Nokia, un teatro para 2.300 personas. Después de las giras interminables de seis meses de Soda Stereo por Latinoamérica, durante su carrera solista Gustavo había ido condensando los tours al máximo. Duraban un mes como máximo y solía tener varios días para descansar y pasear.

Cada vez le gustaba menos viajar en avi√≥n y, adem√°s, los m√©dicos se lo hab√≠an contraindicado por la trombosis que hab√≠a sufrido en 2006. M√°s all√° de los dos paquetes diarios de Jockey suaves largos que fumaba y su vida nocturna de estrella de rock, las horas de vuelo acumuladas en sus √ļltimos treinta a√Īos hab√≠an sido un factor decisivo para que se le formara el co√°gulo en la pierna derecha.

Despu√©s de la trombosis hab√≠a logrado dejar de fumar durante unos seis meses, pero el estr√©s del operativo secreto del regreso de Soda Stereo en 2007 lo hab√≠a llevado a fumar de nuevo. El √ļltimo verano hab√≠a empezado a salir con Chlo√© y se hab√≠a dejado arrastrar por el hechizo de juventud de sus veintitr√©s a√Īos. En marzo la hab√≠a invitado a la gira y casi no se hab√≠an separado. En Los Angeles, Taverna se lo cruz√≥ s√≥lo dos veces. Una tarde en el lobby mientras sal√≠a a pasear con Chlo√© y, a la ma√Īana siguiente, despu√©s de desayunar, alquilando un Toyota a la vuelta del hotel y quej√°ndose porque en ese lugar s√≥lo ten√≠an autos japoneses. Gustavo se hab√≠a convertido en un comprador compulsivo durante las giras. Adem√°s de salir con bolsas y bolsas de las disquer√≠as, tambi√©n volv√≠a a Buenos Aires con libros sobre numerolog√≠a, astrolog√≠a, f√≠sica e historia de las civilizaciones antiguas. Pod√≠a gastarse mil d√≥lares en un par de botas de cuero y se compraba tanta ropa que sus amigos lo cargaban porque nunca se pon√≠a dos veces lo mismo. El √ļltimo d√≠a en Los Angeles entr√≥ a un local de instrumentos y vio una Mosrite Double Neck custom que le encant√≥. Era una guitarra con doble diapas√≥n de edici√≥n limitada y no pudo resistirse a comprarla. Se la mandaron una semana m√°s tarde cuando, despu√©s de tocar en Tijuana y Acapulco, la gira pas√≥ por Miami. Ah√≠ tuvieron cuatro d√≠as libres y Gustavo alquil√≥ un convertible para pasear por las playas con Chlo√©.

Hab√≠a¬†¬†convertido la gira en una luna de miel en estado de estrella de rock y, como cada vez que se enamoraba, sus amigos ya le hab√≠an escuchado planes de casarse en Marruecos. Despu√©s del show, ella viajaba a Espa√Īa para posar en algunas campa√Īas gr√°ficas y la gira segu√≠a por Colombia y Venezuela, as√≠ que esos d√≠as en Miami fueron una despedida. La noche del show en el Waterfront Theatre, carg√≥ el estuche con su guitarra nueva en el maletero de la combi y, al llegar al teatro, lo llam√≥ a Taverna a su camar√≠n para mostr√°rsela. ?Ven√≠ a ver qu√© me compr√© ?le dijo. Cuando Taverna vio el estuche, le pregunt√≥ extra√Īado:

- ¬ŅTe compraste un teclado?

- No, mirá, le contestó Gustavo con una sonrisa, y abrió el estuche de su nueva guitarra-. De esta hay solo diez en el mundo nada más, y no sabés cómo suena. Se quedó unos segundos mirándola y le preguntó:

- ¬ŅEn qu√© tema la meto?

A Taverna el sonido de esa guitarra no le gustaba demasiado y, sobre todo, le creaba un problema: que Gustavo la usara implicaba reprogramar otra vez los efectos del sonido del show. Pero √©l quer√≠a estrenar su juguete nuevo y se le ocurri√≥ volver a sumar en la lista ?Tr√°tame suavemente?, un tema del primer disco de Soda Stereo que le encantaba a Chlo√© y que ya hab√≠a tocado en Tijuana para ella. Cuando Chlo√© se fue a Europa, Gustavo pas√≥ los d√≠as que quedaban junto al resto de la banda y, en ese √ļltimo tramo, la gira cobr√≥ velocidad: en cinco d√≠as tuvieron tres shows. Martes en Medell√≠n, jueves en Bogot√° y s√°bado en Caracas. Gustavo nunca dorm√≠a mucho y en las giras era bastante inquieto, pero durante esos d√≠as en los que sus compa√Īeros volvieron a compartir cierta cotidianeidad con √©l, lo notaron un poco fastidioso. En Venezuela se alojaron en el hotel Meli√°, un edificio en¬† el centro de la ciudad con un lobby tapizado de alfombras espa√Īolas antiguas, pisos de m√°rmol cremoso, l√°mparas de cristal y una concha marina cubierta de oro enmarcada en la recepci√≥n. Cuando llegaron, despu√©s de que la road manager terminara de hacer el check-in de todo el equipo, mientras el grupo se empezaba a dispersar en el lobby, Taverna le dijo a Gustavo que aprovechara para descansar.

- Sí, voy a pedir room service y me voy a dormir temprano - le contestó mientras se metía en el ascensor.

Sin embargo, el sue√Īo le dur√≥ poco y a mitad de la noche sali√≥ sin que sus compa√Īeros se enteraran. Nunca supieron a d√≥nde hab√≠a ido. A la ma√Īana siguiente se levant√≥ tarde, almorz√≥ en el hotel y fue con los m√ļsicos a la prueba de sonido. Era un d√≠a soleado y el escenario estaba rodeado de monta√Īas. Sobre el pasto estaban terminando de acomodar sillas de pl√°stico para el p√ļblico. Gustavo sol√≠a ajustar la afinaci√≥n y los efectos de sus guitarras tocando temas cl√°sicos de grupos argentinos de los 70. A veces tocaba Cementerio club, de Pescado Rabioso, alguna canci√≥n de Vox Dei y, para probar la guitarra ac√ļstica, casi siempre tocaba ?Mi cuarto?, del d√ļo Vivencia, y¬† From the Beginning , de Emerson, Lake & Palmer. Una vez terminada la prueba, Gustavo volvi√≥ al hotel y descans√≥ un rato en su habitaci√≥n. A la tardecita se conect√≥ a Skype para hablar con el director Andy Fogwill, que estaba en Buenos Aires trabajando en los √ļltimos detalles del video de Magia, que iba a convertirse en el tercer corte de Fuerza natural. La idea era que los videos del disco conformaran una road-movie psicod√©lica. Despu√©s de charlar sobre algunas nuevas modificaciones, Gustavo le dijo que ten√≠a que irse a tocar y antes de bajar la tapa de su Mac, se despidi√≥ dici√©ndole:

- ¬°Ahora... it's showtime!

Al d√≠a siguiente, Gustavo se despert√≥ en la cl√≠nica consciente pero confundido. El sue√Īo no hab√≠a tenido su efecto reparador y despu√©s de unas horas de inconsciencia se sinti√≥, por primera vez, en un cuerpo que no le respond√≠a del todo. No pod√≠a hablar y su costado derecho estaba entumecido, como si sus funciones cerebrales estuvieran repleg√°ndose de una parte de su cuerpo. Cuando Taverna volvi√≥ a la cl√≠nica a media ma√Īana, lo encontr√≥ acostado en la cama, agarr√°ndose el brazo derecho y toc√°ndolo con curiosidad y cierta desesperaci√≥n.

- ¬ŅC√≥mo te sent√≠s? ?le pregunt√≥.

Pero Gustavo no respondi√≥. Se tocaba el brazo, lo agarraba y lo levantaba sin conseguir que se moviera. Un rato despu√©s se puso a golpear la baranda de la cama con la mano izquierda con un ritmo fastidiado, lleno de impotencia. En un momento, se sent√≥ en la cama y trat√≥ de levantarse, pero ten√≠a varias c√°nulas conectadas, as√≠ que Taverna tuvo que ayudarlo a caminar esos dos metros hasta el ba√Īo. Cuando entr√≥, se vio en el espejo, se qued√≥ quieto y empez√≥ a tocarse la cara, extra√Īado. Lo mir√≥ a Taverna a trav√©s del espejo y despu√©s volvi√≥ a mirarse. La comisura derecha de la boca se le hab√≠a dormido y le daba un rictus de rigidez al lado derecho de su rostro. Su cara ya no era del todo su cara. Al mediod√≠a una enfermera entr√≥ a la habitaci√≥n con la bandeja del almuerzo. Taverna le dijo que no cre√≠a que Gustavo tuviera hambre, pero √©l le agarr√≥ el brazo fuerte d√°ndole a entender que s√≠. Entonces, Taverna le pidi√≥ que la dejara sobre un mueble que hab√≠a y agarr√≥ el control remoto de la cama para levantar el respaldo y que Gustavo quedara sentado.

Mientras el respaldo sub√≠a, no pudo resistirse y se puso a jugar con los botones, volvi√©ndole a bajar el torso y levant√°ndole las piernas: fue la primera vez en el d√≠a que la cara de Gustavo adopt√≥ un gesto parecido a una sonrisa. Finalmente Taverna lo dej√≥ con el respaldo levantado y le acerc√≥ la bandeja. Cuando la apoy√≥ sobre la cama, le sorprendi√≥ que sin tener todav√≠a un diagn√≥stico sobre qu√© le pasaba a Gustavo le dieran un men√ļ com√ļn de caldo de verdura, pollo con salsa, ensalada y banana frita. Despu√©s de tomar la sopa muy despacio, Gustavo agarr√≥ el tenedor con la mano izquierda y trat√≥ de desmechar el pollo, pero s√≥lo logr√≥ salpicar las s√°banas con la salsa y desparramar la comida. Taverna lo ayud√≥ a cortar y Gustavo comi√≥ con la voracidad de siempre. Su amigo pens√≥ que ten√≠a que ser una buena se√Īal. Era mediod√≠a y el sol pesado del Caribe entraba por la ventana, as√≠ que despu√©s de sacarle la bandeja, limpiar un poco las migas y volver a bajar la cama para acostarlo, cerr√≥ un poco la persiana dejando la habitaci√≥n en una suave penumbra.

- ¬ŅQuer√©s dormir un rato?

Gustavo hizo un gesto de que le daba lo mismo. Desde la ventana hab√≠a una linda vista de los cerros de Caracas. Un rato despu√©s, un enfermero lo busc√≥ para hacerle una prueba de contraste y unas placas en el pecho. Cuando lo volvieron a llevar a la habitaci√≥n, Gustavo estaba inquieto; el resto de la tarde forz√≥ la motricidad cada vez m√°s blanda con la que su cuerpo obedec√≠a las √≥rdenes que le daba: se levantaba de la cama para ir hasta el sill√≥n, se sentaba un rato ah√≠ a mirar tele, volv√≠a a la cama, se levantaba otra vez. A la hora del t√© Taverna le pregunt√≥ si ten√≠a hambre y Gustavo movi√≥ la cabeza indicando que s√≠. Con Bernaudo, su asistente, trataron de averiguar qu√© quer√≠a comer. Como le gustaban las arepas, le preguntaron si quer√≠a una. Gustavo volvi√≥ a contestar que s√≠. Despu√©s le preguntaron si quer√≠a de carne, de queso o de pollo, pero ya la comunicaci√≥n fue imposible. Bernaudo fue hasta un puesto y volvi√≥ con una de carne desmechada, una de queso y una reina pepeada, de pollo y palta. Sentado en el sill√≥n, Gustavo se comi√≥ la de carne desmechada y media de queso. Cuando termin√≥, se acost√≥ en la cama y le hizo una se√Īa a Taverna para que prendiera la tele. Taverna agarr√≥ el control remoto, prendi√≥ el televisor y empez√≥ a hacer zapping hasta que Gustavo le sac√≥ el control y se puso a pasar los canales sin detenerse en ninguno.

Pero par√° en alguno, le dijo Taverna. Despu√©s de dar varias vueltas por la programaci√≥n con el control remoto, que s√≠ le respond√≠a y con velocidad, dej√≥ una pel√≠cula ya empezada. Era Dark City, un film noir de ciencia ficci√≥n en el que el protagonista es acusado de asesinato pero sufre de amnesia y no recuerda qu√© pas√≥, as√≠ que tiene que darse a la fuga para escapar de la polic√≠a y, sobre todo, ganar tiempo contra su memoria: su cerebro lo est√° traicionando. Mientras ve√≠an la pel√≠cula una enfermera entr√≥ a la habitaci√≥n con la cena. Una bandeja con un plato de fideos, otra sopa, una papa hervida y gelatina. Esa noche se quedaron Charly Michel y la corista Anita √Ālvarez de Toledo, una de sus mejores amigas. Taverna regres√≥ al hotel pensando que al d√≠a siguiente iban a volver a casa.
A fines de marzo, unas semanas antes de que empezara la gira, Gustavo estaba a bordo de su Audi A6, cruzando la zona de bares de Palermo Hollywood rumbo a una fiesta y hablando por celular con su amigo Eduardo Capilla.

- ¬ŅPor d√≥nde and√°s, Capi?

- Estoy llegando a casa, Gus, ¬Ņvos?

- Uy, estoy justo a un par de cuadras, esperame en la esquina y nos vemos un ratito. 


Mientras se lo dec√≠a, Gustavo dobl√≥ en una de las calles y un par de minutos despu√©s estaba frenando en la esquina de Niceto Vega y Bonpland, donde esperaba su amigo. Fueron hasta La P√©rgola, una pizzer√≠a cl√°sica del barrio a dos cuadras que le gustaba a Gustavo, pero estaba cerrada y se quedaron un rato hablando en el auto. Aunque sol√≠a moverse en la ciudad con un Peugeot 206 gris, un auto m√°s chico y menos llamativo, m√°s c√≥modo para pasar desapercibido y menos lujoso para atraer ladrones, esa noche hab√≠a salido con el Audi, que hab√≠a comprado a fines de 2006 despu√©s de probar el sistema de sonido marca Bose que tra√≠a incorporado. Gustavo era fan√°tico de escuchar m√ļsica en el auto. En Un√≠sono, el estudio que hab√≠a construido en Florida en 2004, el play√≥n delantero donde estacionaba era una parte fundamental del canal de parto de las canciones. Mientras grababa en el estudio, siempre se iba con el pendrive al auto: los temas no exist√≠an del todo hasta que no escuchaba c√≥mo sonaban ah√≠, c√≥mo se desenvolv√≠an en el mundo real. Esa noche en Palermo, Capilla lo not√≥ m√°s acelerado que de costumbre.

- Che, Gus, ¬Ņpor qu√© no te consegu√≠s un chofer? - le dijo.

En unos d√≠as Gustavo iba a viajar a Rosario a tocar en el teatro Metropolitano, despu√©s a Neuqu√©n, Mendoza y el 24 de abril ya despegaba con todo su equipo hacia Lima para empezar el segundo tramo de la gira internacional de Fuerza natural por Per√ļ, Estados Unidos, M√©xico, Colombia y Venezuela. Durante los primeros meses del a√Īo hab√≠a estado tan concentrado en Chlo√© que sus amigos casi no lo hab√≠an visto; s√≥lo ten√≠an noticias suyas cuando cruzaban alg√ļn mensaje por el chat de BlackBerry. Con Capilla se hab√≠an hecho amigos a fines de los 70, a trav√©s del DJ Carlos Alfons√≠n, que por entonces estudiaba publicidad con Gustavo en la Universidad del Salvador y viv√≠a con Capilla en un departamento en Barrio Norte. R√°pidamente, los tres se convirtieron en una brigada nocturna navegando el mapa de fiestas que hab√≠a de lunes a viernes en la ciudad. El comienzo de los 80 ya se respiraba en el aire y Gustavo, que ven√≠a de un colegio parroquial de Villa Ort√ļzar, estaba descubriendo un mundo nuevo. Tres a√Īos despu√©s, cuando Gustavo arm√≥ Soda Stereo con Zeta Bosio y Charly Alberti, Capilla se hizo cargo de la escenograf√≠a de los shows y se convirti√≥ en uno de sus mejores amigos. Cuando estaba deprimido era uno de los pocos con los que hablaba y lo hab√≠a elegido como padrino de Benito, su primer hijo. Gustavo lo mir√≥ con algo de enojo y le contest√≥:

- No, quedate tranquilo, estoy bien.

La segunda noche en la cl√≠nica Gustavo tambi√©n durmi√≥ poco y, a la ma√Īana, cuando las enfermeras entraron a la habitaci√≥n para controlar su estado, lo encontraron sacudi√©ndose y agarr√°ndose la cabeza con su brazo izquierdo. Ten√≠a los ojos apretados, como si estuviera sufriendo un dolor insoportable. Taverna lleg√≥ a la cl√≠nica cuando unos camilleros estaban sacando a Gustavo de la habitaci√≥n para hacerle una tomograf√≠a y lo acompa√Ī√≥. En la sala, ayud√≥ a levantarlo para acomodarlo en la camilla de pl√°stico y le sac√≥ una cadenita con un parlante que ten√≠a en el cuello. Acostado en el tom√≥grafo, Gustavo se mov√≠a dolorido y los enfermeros le ped√≠an:

- Gustavo, quédate quieto, por favor, quédate quieto. Como no lograban que se calmara, le pidieron a Taverna que entrara y lo sostuviera.

- Ya está, Gus, ya termina - le dijo Taverna, pero Gustavo siguió moviéndose, hasta que en un momento pareció quedarse dormido.

Después lo volvieron a acostar en la camilla y lo empujaron por los pasillos hacia otra sala para hacerle un centellograma. Cada tanto abría los ojos muy despacio y los volvía a cerrar. Cuando llegaron, la camilla no pasaba por la puerta y Taverna tuvo que cargarlo.

- Agarrate- le dijo. Mientras lo levantaba, Gustavo tiró su brazo por atrás del hombro de su amigo. Taverna lo sentó en la máquina donde le iban a hacer el estudio. Tenía la mirada perdida y la boca entreabierta. Después del estudio lo volvió a cargar en la camilla, lo tapó con una frazada y los enfermeros lo llevaron al cuarto piso para hacerle otro análisis. Media hora más tarde lo dejaron en la habitación y decidieron avisarle a la familia. Gustavo había sufrido un ACV y su cerebro se había inflamado tanto que estaba haciendo presión contra el cráneo. Tenían que operarlo con urgencia.

(Última vez, primer capítulo de Cerati, la biografía definitiva, de Juan Morris)