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Flavia Broffoni, autora de Extinción, habla sobre su libro: ¿Qué estás haciendo para evitar el colapso?

  1. ¿Por qué los impactos ambientales tienen tan poca prensa?


Creo que la invisibilización de los procesos que subyacen a la crisis ecológica y climática que estamos atravesando es una parte fundante, la base misma que sostiene la reproducción de los patrones de producción y consumo globales que están aniquilando la vida sobre la tierra. Yo no hablo ya de impactos ambientales en tanto externalización indeseada del modelo, algo que pueda minimizarse o mitigarse aplicando más tecnología, por ejemplo. Cuando desentrañamos las causas profundas que hacen que la extinción masiva de especies o el calentamiento global no sean tapa de diarios todos los días, a pesar de ser los temas que más deberían ocuparnos ya que en ellos se juega nuestra supervivencia, nos encontramos con que la única forma de que el sistema económico siga reproduciendo riqueza material ilimitada y concentrada, es depredando los cuerpos de las personas y los territorios desde los cuales el extractivismo saquea a la naturaleza definiéndola en términos de recursos aptos para ser explotados. Al mismo tiempo, los medios hegemónicos son parte del entramado de dueños de estas corporaciones, si vemos, por ejemplo, al agronegocio en Argentina, encontramos que los hilos de intereses permean las esferas públicas y privadas que manejan nuestro país. Esto aplica a la industria petrolera y minera, lo que yo llamo la tríada extractivista.

2. Tu libro hace un llamado urgente para detener la destrucción del planeta, ¿qué cosas concretas se están haciendo en el mundo para revertir esta situación?


Desde mi mirada, los mayores y mejores esfuerzos, ya no para revertir, sino para adaptarse al inevitable colapso de los ecosistemas y el clima los están haciendo las comunidades que deciden apostar a la regeneración local, fuera de las megaciudades. Los proyectos con mirada de transición, los permaculturales, la agroecología, la relocalización hacia la ruralidad, la apuesta a las economías locales, el afianzamiento de culturas originarias históricamente oprimidas: muchas sabidurías que confluyen en estrategias de desarrollo regenerativo que ponen en el centro de la ecuación a la relación de cada territorio con su las personas que lo habitan: la escala humana perdida en la globalización capitalista. No digo con esto que la estrategia sea la de retrotraer avances tecnológicos muy valiosos, todo lo contrario, sino aplicar tecnologías apropiadas a cada territorio y dinámica social. Es evidente que en este punto de la historia el capitalismo globalizador falló. Ya implotó pero lo seguimos sosteniendo artificialmente con tal de no perder ciertos privilegios. Por eso, ante la pregunta de qué modelo reemplaza al vigente, la respuesta es que no hay un solo modelo, hay que mirar y construir lo que a mi me gusta llamar pluriversos de alternativas que sean coherentes y apropiadas para cada lugar. Hemos homogeneizado todo, incluído el pensamiento y la creatividad, y en la naturaleza solo la diversidad es vida, la homogeneidad es muerte.

3. ¿Podés ampliar el drama de la sequía extrema que afectará a América del Sur en 2080?


No hace falta irnos a 2080 para dimensionar la magnitud de la catástrofe de las sequías en nuestra región. Argentina ya se está acostumbrando a que los gobiernos incorporen en su narrativa la referencia al cambio climático como causa y excusa frente a, por ejemplo, pérdida de cosechas. Pero lejos de asumir el contexto de emergencia ambiental, ante cada nueva crisis económica se profundizan los proyectos que son parte del problema. El avance de la frontera agropecuaria se extiende a pulso de incendios intencionales y deforestación, pero todo se justifica bajo la necesidad de aumentar las exportaciones de commodities, sobre todo de granos para alimentar animales industrializados en otros países. En Argentina, según el INTA, el 70% del territorio cae bajo la categoría de tierras secas y el avance del agronegocio potencia todavía más los procesos de desertificación. El drama de la sequía en nuestro continente ya existe hoy: el corredor seco que se extiende en centroamérica alberga al 90% de su población y se extiende desde desde Chiapas, en México, hasta al occidente de Panamá, dejando tierras áridas también en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y parte de Costa Rica. Es la zona más pobre y vulnerable de América Latina y ya está empujando a que millones de personas tengan que migrar, potenciando conflictos armados y exacerbando las expresiones nacionalistas. Por eso las Naciones Unidas hablan de que estamos frente a un verdadero Apartheid Climático: los ricos salvándose, y la mayor parte de la población mundial, empujada a sobrevivir.