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Noticia

Roxana Tabakman es bióloga, periodista científica, escritora y viajera empedernida. Sacrificó muchas ratas para estudiar el cerebro, y después se dedicó a escribir cómo funciona la ciencia. Conoce todos los lugares sobre los que escribe, sean laboratorios europeos de alta tecnología o barrios humildes de Bangkok. Es argentina y vive en Brasil.

Los cruces entre Biovigilados y la situación actual ponen los pelos de punta. ¿Podrías contarnos, sin revelar demasiado, cuáles son esas coincidencias, y si de verdad la comunidad científica sabía que una enfermedad como la Covid-19 estaba a punto de sembrar el pánico en todo el mundo?

Los puntos en común entre Biovigilados y el Covid-19 son muchos, principalmente, al inicio de la epidemia, cuya verdadera dimensión nadie se animó a ver. En la novela, sí lo hizo mi heroína. En ambos casos, la tragedia de una enfermedad altamente contagiosa se esconde en un virus respiratorio que aparece en Asia, la mayor parte de las veces con síntomas similares a los de la gripe. Cuando es grave, provoca cuadros pulmonares semejantes. Mi virus ficticio tiene apenas ocho genes; el coronavirus, diez. Y ya se ha advertido que un cambio en el gen más largo, que es el que codifica para las espinas que le dan el aspecto de corona, lo podría volver todavía más virulento. Algo así pasa en Biovigilados. En China, cuando la enfermedad aún no tenía nombre, la llamaron como la ciudad en la que se había originado (Wuhan). En la novela, la bauticé con el nombre del barrio (Patpong). En ninguno de los casos las autoridades sanitarias registraron a los primeros infectados, pero la gente ya comentaba en sus redes los pequeños malestares que estaba sintiendo, o compraba remedios simples, y todo eso era  observado por alguien. En el libro, si bien la vigilancia virtual no es oficial, es la que identifica rápidamente la epidemia a través de los microdatos que liberan las personas, y con eso reconoce el brote antes que la OMS. Con el nuevo coronavirus pasó lo mismo: una empresa canadiense, BlueDot, se lo anunció a sus clientes con tres semanas de anticipación. Otras similitudes son, tal vez, más esperables: la respuesta inicial de las autoridades de transferir responsabilidades; la reacción de los medios de comunicación, que "llenan de lágrimas, impotencia y horror los ojos del público", o el hecho de que la gente "quiere la vacuna y la quiere ya". Cuando se organiza la cuarentena, hay una diferencia con la actual: en Biovigilados, hay drones que llevan hasta las casas de las personas dispositivos de telemedicina para un control a distancia. Eso todavía no se ha hecho en ningún lado, pero técnicamente sería posible. ¿Si la comunidad científica estaba esperando algo así? ¡Por supuesto! No sabían cuándo ni dónde surgiría, pero Asia era uno de los lugares probables. Desde 2003, más o menos, varios trabajos lo estaban alertando. Pocos valoran suficientemente la ciencia básica, como por ejemplo el análisis de los virus que habitan en los murciélagos no urbanos. "Parece" ciencia inútil, pero no lo es. Hubo científicos que fueron más allá y desde hace años vienen escribiendo sobre la peligrosa convivencia de animales vivos en los mercados de China y hasta la llamaron "bomba de tiempo". Como digo, muchos no escucharon. Pero otros sí. Si no se hubiera escuchado y planificado qué hacer en caso de que la amenaza se volviera real, hoy la situación sería incluso peor.

La protagonista es una viróloga reconocida que se propone establecer una nueva perspectiva sanitaria basada en la biovigilancia virtual de enfermedades infecciosas. ¿Realmente es posible ese proyecto?

No solo es posible, sino que ya se ha implementado, incluso para gripe común, zika y hasta Chagas. Israel también lo está haciendo a gran escala, y no es secreto. Ha anunciado que está usando estrategias antiterroristas para la lucha contra el virus y que los datos quedan a disposición hasta sesenta días después de que se dé por finalizado el periodo de riesgo. En esta epidemia, los héroes son los médicos/as y los enfermeros/as, pero la mayor diferencia la hacen los especialistas en datos. Son esos gráficos dinámicos visualmente atractivos, que también están muy presentes en la trama de Biovigilados, los que impactaron y convencieron a los gobernantes de la necesidad de parar el mundo.

Hablanos de Ken, el hacker que vive recluido en su habitación desde hace dos décadas por el terror que le despiertan los peligros epidémicos. Ha creado una proyección tridimensional del avance del virus sobre la población humana. Pero, además, ha podido sortear casi todos los obstáculos que plantea el aislamiento a la hora de tener sexo con la protagonista, que está en su propio departamento. ¿Está disponible la tecnología que usa?

Ken pasa sus horas rodeado de pantallas, vive en un planeta propio de luz artificial. El hombre que dice "me cuesta entender a las personas, pero las computadoras no tienen secretos para mí" es desarrollador de games y experto en datos. Crea el Globoscopio, que parece una visión del universo aunque se trata, en realidad, de estrellas mentirosas. El gráfico dinámico es la proyección tridimensional del poder del virus, que se actualiza de manera permanente con los datos de la epidemia. Cada punto blanco es un enfermo; cada astro, un área geográfica que titila. El resplandor representa el mal. Lo mismo hizo la Universidad Johns Hopkins ahora. Ken vive inmerso en la tecnología, es como una segunda piel. Su virilidad es tecnológica, y aprovecha la innovación para el sexo virtual. Todas las tecnologías mencionadas en Biovigilados se encontraban en fase de desarrollo cuando lo investigué, unos cinco años atrás. Eran documentos destinados a médicos. Se planteaba el uso en rehabilitación de parapléjicos, como ayuda para personas en estado de coma, o en otros problemas donde una parte del cuerpo está desconectada de otra. Muchas veces, las tecnologías nacen con un objetivo militar y son reaprovechadas en otros campos. Ejemplos de ello son internet, el GPS y el microondas. Las industrias del deporte y del entretenimiento, donde se podría incluir de cierta manera el sexo virtual, son un early adopter de tecnologías.

¿Cómo ves el futuro?

En lo personal, espero que el futuro me encuentre escribiendo otro libro. Si la pregunta pretende mayor alcance, los que ya tienen la respuesta en sus computadoras son los científicos. Investigadores del área biológica, ecológica, humana y de datos están a la espera de gente que los lean y escuchen. Yo pretendo ser una de ellas.