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Noticia

Estoy desesperado: todos vamos a morir en breve. No pasa nada, es una exageración. A lo mejor sería una buena idea entrar a mi cuenta de twitter y al portal digital de los diarios. Fue una mala idea, aumenta la desesperación. Luciano: sos un privilegiado, podés trabajar desde casa, no te quejés. Saco a pasear al perro: las lejanas miradas que nos dirigimos entre los vecinos son de sospecha. ¿Tendrá coronavirus? ¿Habrá caceloreado? ¡TODOS VAMOS A MORIR! No pasa nada, respirá hondo. Ponete a leer esa novela de Lee Child. Bien, sí, su fría eficacia reconfortándome. ¡Moriremos entre horribles dolores! Voy al chino y compro un pack de seis cervezas. Llego a casa y las desinfecto, aunque no sé si lo hago bien a esta altura no me importa. Ahora, a sentarse y a escribir. Mejor una siesta, primero. Cortita. Ahora sí. Café. A escribir. ¿Debería pedirle a mi papá el 38 corto que tiene en el ropero por si la situación se descontrola? No. Mejor no. Gente en los balcones. Debe haber algunos que se suicidaron y viven solos: tardarán semanas en encontrarlos. No pasa nada. A dormir, que es tarde. Pero como el hombre de la casa debería tener un arma por cualquier cosa. 
Y así, todo el día, todos los días.

Luciano Lamberti es licenciado en Letras. Ha publicado los libros de cuentos El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro y La casa de los eucaliptus, las novelas, Los campos magnéticos y La maestra rural, y el libro de poemas San Francisco. Su último libro La masacre Kruguer. Actualmente vive en Buenos Aires, donde dicta talleres de escritura creativa.