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Noticia

Télam

31/03/2016

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Milena Heinrich

Reeditan dos lecturas imprescindibles de la obra del británico Roald Dahl

SE TRATA DE "CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE", "LAS BRUJAS", "MATILDA" Y "EL GRAN GIGANTE BONACHÓN", TÍ­TULOS INFANTILES IMPRESCINDIBLES QUE VUELVEN A LAS LIBRERÍ­AS PARA RECORDAR LA GENIALIDAD NARRATIVA DE UN ESCRITOR QUE HIZO REÍR CON SUS MUNDOS LLENOS DE MAGIA, AUNQUE NO EXENTOS DE POLÉMICAS.

Con más de 200 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y adaptaciones cinematográficas, se reeditan los libros "Charlie y la fábrica de chocolate", "Las brujas", "Matilda" y "El gran gigante bonachón", tí­tulos infantiles imprescindibles del británico Roald Dahl (1916-1990) que vuelven a las librerí­as para recordar la genialidad narrativa de un escritor que hizo reír con sus mundos llenos de magia, aunque no exentos de polémicas.

De la mano de Alfaguara, en su colección de clásicos, desembarcan "Charlie y la fábrica de chocolate" publicado originalmente en 1964, y "Las brujas" que salió a la luz en 1983, una dupla de libros clave de la obra de uno de los autores más emblemáticos en literatura para niños, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento, el 13 de septiembre de 1916.

Además del Señor Wonka, los Oompa Loompas y de esas brujas que se esconden tras la apariencia de personas comunes, Dahl es el padre de la prodigiosa "Matilda", de los mitológicos personajes de "Los Gremlins" y de los relatos autobiográficos reunidos en "Boy", todos libros también inolvidables de la literatura infantil, que resisten el paso del tiempo y suman vistos buenos de numerosas generaciones.

Nacido en Gran Bretaña y de origen noruego, a sus 23 años Dahl fue testigo del estallido de la Segunda Guerra Mundial, razón por la cual se enroló como piloto de aviación de la Royal Air Force. Derribado en combate, pasó seis meses hospitalizado. Durante esos dí­­as surgieron sus primeros textos, reunidos en títulos para adultos como "Volando solo".

De todas formas, su entrada al mundo de la literatura infantil, el terreno donde más se lo reconoce por su enorme y celebrada obra, estuvo motivada por los cuentos que les narraba a sus cuatro hijos. De esos relatos en voz alta, aparecieron los universos mágicos que tanto ganó la atención de los lectores y más tarde de los espectadores con numerosas adaptaciones cinematográficas.

Acusada de discriminadora, burda e incluso misógina, la literatura de Dahl ha sido caja de resonancia para la crí­­tica, tal vez por el modo con el que da cuerpo a muchos de los fantasmas que acechan a la infancia: monstruos, déspotas, violentos, glotones, seres repugnantes y extraordinarios. Por qué cautiva tanto a los pequeños lectores es la pregunta que todos ensayan responder.

Pero lo cierto es que también hay quienes aseguran que su obra es una gran defensa de la niñez al disparar contra la tiraní­a de los adultos o contra el sistema educativo ("Matilda" es su mejor ejemplo). Sea como sea, Dahl es de esos escritores cuestionados y amados, que, gracias a un respaldo del mercado y la lealtad de lectores -acaso por la complicidad que logra con ellos- mantiene su lugar en el universo de los clásicos.

"Charlie y la fábrica de chocolate", que reedita Alfaguara con ilustraciones de Quentin Blake, es el libro más famoso de británico y es precisamente el que mejor condensa el tono irónico, cruel y divertido de su literatura. La novela, protagonizada por Charlie Bucket en la fábrica de chocolate de Willy Wonka, fue publicada en 1964 y adaptada dos veces al cine, primero en 1971 y después en 2005 por Tim Burton.

Lectura obligada en muchas escuelas, "Charlie y la fábrica de chocolate" aborda con humor y sensibilidad el tema de la educación, en este caso con la mira en los padres. A través de cinco personajes -Charlie y otros cuatro niños desagradables: un glotón, uno que no para de mascar chicle, una mimada y otro adicto a la televisión- Dahl ejerce una crí­­tica al poder y al dinero.

Pero tampoco el libro quedó exento de crí­ticas: para muchos, y no sin argumentos, los famosos pigmeos Oompa Loompas que el señor Wonka lleva a trabajar a la fábrica de chocolate a cambio de nueces de cacao es una analogí­a directa con la esclavitud, sobre todo si se recuerda que esos pequeños hombrecitos fueron traidos de África por el excéntrico chocolatero, que el actor Johnny Deep interpretó magní­­ficamente en la última adaptación cinematográfica.
Crí­­ticas de discriminación recaen también en "Las brujas", una obra escrita casi 20 años después de "Charlie" y que le valió no pocas acusaciones por la fatalidad de la presentación: "Las brujas son siempre mujeres", escribe al comienzo de la novela, donde presenta a estas "brujas de verdad", como las llama, que se esconden en las apariencias de damas comunes y convierten a los niños en ratones.
La novela parte de las historias que una abuela les cuenta a su nieto huérfano acerca de la existencia de las brujas pero muy distintas a las de los cuentos de hadas. Detrás de la apariencias de señoras corrientes, cuenta la abuela, se esconden seres terrorí­­ficos: llevan pelucas pero son calvas, usan guantes para esconder sus largas uñas, su saliva es azul y sus pies no tienen dedos.
De vacaciones con su abuela, el niño descubre que en el hotel donde se alojan se celebra el congreso anual de brujas y con una narración de suspenso casi extremo, aunque sumamente disparatado y divertido, el personaje va viendo cómo las horribles mujeres transforman a los niños en ratones, incluso él mismo cae en la hechicerí­­a y queda para siempre atrapado en un cuerpo de roedor.
La reedición de esos clásicos de Roald Dahl, en el centenario de su nacimiento, es la excusa ideal para volver sobre una literatura infantil tan aguda y sarcástica como vital y sensible sobre aquellos temas que más curiosidad despiertan en los chicos, y con las pizcas justas para dejar en ridículo a los adultos y al mismo tiempo hablar de violencia, libertad y superación.