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INFOBAE

12/06/2016

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Roth desencadenado: los secretos de un tit√°n de las letras norteamericanas

La periodista de The New Yorker Claudia Roth (ning√ļn parentesco con Philip) escribi√≥ una detallada biograf√≠a de uno de los escritores estadounidense m√°s reverenciados y pol√©micos del siglo XX. Infobae publica un adelanto, focalizado en el origen de su cl√°sico ?El mal de Portnoy?

"El mal de Portnoy" fue uno de los actos subversivos culminantes de una √©poca subversiva. La agitaci√≥n que rodeaba su publicaci√≥n era tan alta que antes incluso de que apareciera, en febrero de 1969, la revista Life lo proclam√≥ "un acontecimiento de primer orden en la cultura estadounidense". Junto con conciertos de rock y marchas de protesta ?con los que parec√≠a tener m√°s en com√ļn que con otros libros?, apelaba al rechazo de toda una generaci√≥n frente a normas sin sentido y largamente indiscutidas, a la repulsa de las autoridades poderosas y a la lucha, m√°s amplia, por la libertad personal y pol√≠tica. ¬°La ca√≠da de Lyndon Johnson, el fin de la guerra, la desaparici√≥n de la hipocres√≠a! ¬°La extinci√≥n definitiva de los cincuenta! Y todo por medio de Alexander Portnoy, de trece a√Īos, un consentido chico jud√≠o, que se masturbaba compulsivamente tras la puerta del ba√Īo ("Mi pene era lo √ļnico que pod√≠a considerar m√≠o en este mundo"), o dondequiera y comoquiera que lo asaltara esa necesidad incontestable. En un autob√ļs junto a una chica dormida, con una manzana descorazonada, con el h√≠gado todav√≠a crudo que cenar√° la familia: la exposici√≥n desenfadada de la compulsi√≥n masturbatoria le otorg√≥ a la novela el sello definitivo de aquellos postergados sesenta, su chispa obscena y, por supuesto, su notoriedad. Si Holden Caulfield se comport√≥ jam√°s as√≠, no nos lo cont√≥.

El tema de un chico jud√≠o terriblemente bueno tratando de escabullirse del cors√© √©tico de su infancia no se alejaba tanto del de algunos de los primeros relatos de Roth, o del de "Deudas y dolores". En su lucha por derrotar su conciencia hiperdesarrollada y convertirse en un chico malo, sin embargo, Portnoy transform√≥ en comedia el destino tr√°gico de sus trasuntos anteriores; y al fracasar miserablemente en su empe√Īo de ser malo ?pagando en angustia mental el precio de cada escandaloso desafuero? dot√≥ a esta comedia de complejidad emocional y la hizo penosamente divertida. Incluso ya adulto, Portnoy sigue teniendo "m√°s marcas que un mapa de rutas, las represiones me se√Īalan de pies a cabeza", incapaz de sentir placer sin arrepentimiento. Aun as√≠, con la fuerza bal√≠stica de su escritura, Roth alcanz√≥ la libertad que su desventurado h√©roe no pudo conseguir: el lenguaje desvergonzado y "rompetab√ļes" de la novela result√≥ liberador tanto para el autor como para sus lectores. En la entrevista para Web of Stories, Roth explicaba el proceso de escritura del libro en t√©rminos de una revoluci√≥n privada: "Estaba derribando mi educaci√≥n literaria ?afirma?. Estaba derribando mis tres primeros libros". Y si, yendo al extremo, estaba derribando "la seriedad literaria que hab√≠a acompa√Īado a mi educaci√≥n y que me hab√≠a empujado a escribir en un principio", tambi√©n estaba encontrando la manera de reconvertirla.

Los Portnoy ten√≠an su origen en unos parientes que viv√≠an en el departamento de arriba de la seria y cuerda familia de Roth, y que este hab√≠a exagerado de forma disparatada en un manuscrito que qued√≥ abandonado cuando se le ocurri√≥ la idea de recurrir al psicoan√°lisis para contar la historia. La premisa de una sesi√≥n psiqui√°trica maratoniana que ocupara todo un libro, despu√©s de a√Īos asistiendo √©l mismo a sesiones de psicoan√°lisis, fue lo que le permiti√≥, en plena treintena, soltarse por fin.

La propia premisa implicaba que no deb√≠a esconderse nada. ("Quiere usted saberlo todo, de manera que ah√≠ va: todo", le dice Portnoy a su psiquiatra, el doctor Spielvogel.) La cronolog√≠a poco importaba. ("Ahora, de pronto, me da por recordar el modo en que mi madre me ense√Ī√≥ a orinar de pie. Escuche, este puede ser el dato que est√°bamos esperando.") Digresiones, desviaciones, distracciones, todo estaba permitido: ese era, de hecho, el camino a seguir. ("El √ļnico libro que conoc√≠a que funcionaba a trav√©s de la digresi√≥n era Tristram Shandy ?comenta Roth?, pero no lo llamar√≠a una influencia.") Fue esta permisividad sin precedentes la que le permiti√≥ sacar de debajo de la alfombra a Henry James, y la truculencia del Medio Oeste, y toda caracter√≠stica gentil (en ambos sentidos) que hab√≠a asociado con las grandes planicies estadounidenses de la literatura.

La permisividad p√ļblica de la √©poca tambi√©n influy√≥: la pol√≠tica, el teatro, el sexo, el teatro pol√≠tico y sexual de Nueva York. Incluso mientras se estaba dejando la piel con "Cuando ella era buena", Roth montaba mon√≥logos c√≥micos en torno a la mesa para sus amigos jud√≠os de Nueva York, igual que en su d√≠a hab√≠a montado mon√≥logos radiof√≥nicos para sus padres y mon√≥logos sobre Newark para sus profesores de Bucknell. Ahora, estos n√ļ¬≠meros c√≥micos eran su banco de pruebas para las bufonadas de Portnoy, y hab√≠a encontrado el p√ļblico ideal. Gente que proven√≠a de entornos no muy distintos del suyo, que estaban tan familiarizados con Lenny Bruce y los Fugs como con Freud y Kafka, y que sab√≠an apreciar la mezcla de realidad y parodia en su shtick sobre familias jud√≠as. (Roth recuerda que una vez persigui√≥ a Jules Feiffer con una improvisaci√≥n man√≠aca a dos voces por todo el departamento de sus amigos editores Jason y Barbara Epstein en el Upper West Side.)

En una época más moderada, el estilo coloquial de Roth había dado lugar a Goodbye, Columbus; ahora había caído en la cuenta de que podía usar sus "sainetes desinhibidos" también en su escritura. Nunca, desde que Henry Miller adaptó las cartas gozosamente obscenas que había enviado desde París con el fin de volar por los aires los muros de la rectitud literaria y acceder a "Trópico de Cáncer", había explorado un escritor un estilo tan vulgar ?monólogo cómico con un toque de improvisación? para revigorizar la literatura. Retomó el material de la inacabada Jewboy, y esta vez se centró en la formación de la otra mitad de esa atormentada pareja que había conformado su matrimonio. En busca de los orígenes de aquella culpabilidad crónica que lo había bloqueado y de la furia que lo llevó a tenderse en el diván, buceó en los lodazales del chiste de judíos y lo dejó todo salpicado.

"El mal de Portnoy" hizo de Roth un hombre rico. En mayo de 1968 ten√≠a unas deudas de ocho mil d√≥lares: "Estaba metido en mi cuarto como si fuera la celda de Solzhenitsyn, d√°ndole dinero a Maggie y enojado", explica. De repente, en junio, Maggie estaba muerta (N.de E: su esposa fallecida en 1963), √©l hab√≠a terminado el libro y un mensajero le acababa de entregar un cheque de su editor por valor de un cuarto de mill√≥n de d√≥lares. (Revista Life: "¬ŅQu√© propina hay que dejar por un cuarto de mill√≥n?") Sald√≥ sus deudas, compr√≥ un coche, se mud√≥ a un bonito departamento del East Side y se llev√≥ a Ann Mudge a Europa en primera, a bordo del France. No hab√≠a comprado ropa en a√Īos, de modo que mand√≥ hacerse varios trajes en una de las sastrer√≠as m√°s estiradas de Londres: Kilgour, French & Stanbury, en Savile Row. La experiencia no le result√≥ tan extra√Īa como esperaba. "Aquello era como el templo B'nai Jeshurun ?me asegura?. La tela era como el arca de la Tor√°, y hab√≠a silencio, y la luz se filtraba a trav√©s de las ventanas sucias, y todos los sastres eran jud√≠os". Se hizo m√°s trajes a medida en otros lugares. Le lanz√≥ proposiciones a la primera periodista atractiva que enviaron a entrevistarlo. Contrat√≥ a una prostituta para una hora, mientras Ann estaba fuera, en un hotel de Londres. "Estaba borracho ?recuerda?, borracho de √©xito y libertad y dinero."

Rompi√≥ con Ann tan pronto regresaron a Nueva York aquel oto√Īo. Porque cre√≠a lo que hab√≠a escrito sobre el matrimonio, porque Maggie lo hab√≠a dejado terriblemente marcado, y porque, despu√©s de m√°s de cuatro a√Īos juntos, hab√≠an llegado a ese punto en el que el matrimonio y los hijos eran el siguiente paso l√≥gico. ("No dijo: C√°sate conmigo; no hac√≠a falta que lo dijera, estaba ah√≠ en todo momento.") La vida estaba demasiado llena de posibilidades. Aun as√≠, no era el man√≠aco sexual por el que lo tomaba mucha gente. "El libro sali√≥ en febrero de 1969, y en marzo fui a Yaddo y me qued√© all√≠ varios meses ?explica en respuesta a una pregunta sobre su vida despu√©s de Portnoy?. Esa era mi libertad."

Cierto, pero no era toda la historia. En diciembre de 1968, en una cena, hab√≠a conocido a una hermosa joven llamada Barbara Sproul ?una estudiante de posgrado de historia de las religiones, doce a√Īos menor que √©l pero ¬ęmadura¬Ľ y ¬ęalguien que sab√≠a lo que quer√≠a¬Ľ, dice Roth?, que se convirti√≥ r√°pidamente en su siguiente romance. Sproul lo visit√≥ en Yaddo a mediados de marzo, y de nuevo a finales de mes. A mediados de abril, cuando Roth comprendi√≥ que no pod√≠a afrontar la vuelta a Nueva York, Sproul encontr√≥ una casa de alquiler para los dos a unos tres kil√≥metros a las afueras de Woodstock, al otro lado del valle en el que hab√≠a alquilado ya una caba√Īa para ella. Roth apenas se hab√≠a tomado un respiro entre una relaci√≥n larga y la siguiente. Una vez m√°s, estaba llevando una vida resueltamente regular y ordenada? aunque nadie quisiera creerlo.