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Noticia

Sin fronteras entre la escritura y la ilustración

Entrevista a Pablo Bernasconi.

Empezó diseñando e ilustrando, se largó a escribir. Entre obras para chicos y grandes, dice, tampoco hay límites.

Imágenes que representan ideas, relatos que se completan con imágenes, preguntas que quedan picando desde la solapa del libro y que, de repente, encuentran una respuesta en el poema final, los libros de Pablo Bernasconi son complejos, mezclan el juego y la risa con una actitud filosófica, la alegría con la reflexión. Mentiras y moretones, su último libro, se pregunta por los porrazos de la vida, por esos moretones que con el correr del tiempo resultan atenuados o transmutados en el relato. Como autor para chicos, Pablo Bernasconi es uno de los mejores exponentes de lo que se conoce como "autor integral": escribe e ilustra sus propios libros. Comenzó como dibujante para luego explorar el terreno de la palabra. Por eso en sus textos, el sentido de una historia a veces se desentraña en la imagen. O viceversa. Desde Bariloche, donde vive, intercambió con Clarínalgunas ideas sobre su trabajo y pistas sobre su libro más reciente.

-Tu formación es en diseño gráfico pero en la actualidad sos lo que se considera un "autor integral", es decir, escribís e ilustrás tus propios textos. ¿Cómo se produjo esa simbiosis?

- Siempre consideré que las herramientas venían supeditadas a las ideas, es decir, que los recursos y los lenguajes podían adaptarse dependiendo de cuál era mi intención, mi norte. Aun siendo diseñador gráfico, me di cuenta de que a veces la imagen no podía trasladar con precisión y fidelidad algunas ideas. Que necesitaba la palabra. Por eso salté de orilla y comencé a escribir. Hoy entiendo que los recursos se adaptan continuamente, uno puede reinventarse para hacerle honor a la idea. Actualmente estoy adaptando este libro a obra de teatro, y participo también de la composición musical.

-¿Qué ocurre primero, la idea gráfica o la historia? ¿Cómo son los comienzos de uno de tus relatos/imágenes?

-Lo primero que me guía, que me sirve como faro, es el título del proyecto. Mentiras y moretones fue durante casi dos años un vector muy potente que imantaba imágenes, historias, objetos, curiosidades, experiencias. Y a partir de ahí siguieron los textos. Pero hice libros enteros donde no escribí ni una palabra hasta no haber terminado las ilustraciones.

-Uno de los relatos parece un caligrama, una de las formas que fusiona texto e imagen. ¿Solés inspirarte en la historia del arte o de la literatura?

-No demasiado, al menos conscientemente. Por supuesto que encuentro reminiscencias de corrientes y de artistas que pueden haber nutrido mi estilo, ya sea plástico o literario, pero no es adrede. Lo que sí hago, a veces es basar todo un proyecto en íconos de las letras, la música o la plástica. Me gusta trasladar mis placeres a otras personas, se siente bien y sé que es correspondido.

-En el relato "Un espectáculo" el texto apela a la imaginación del lector y al dar vuelta la página, la ilustración cambia un poco el sentido. ¿Cuál es la relación ideal entre texto e imagen?

-Ese cuento y otros juegan con el límite que completa el lector, entre palabra e imagen. Y esa relación, es la que propone todo buen libro álbum, evitar cualquier tipo de redundancia, de obviedad. Esto eleva la riqueza del lector. La metáfora es la mejor manera de respetar la inteligencia del otro. Esta relación supone la premisa de jamás subestimar al lector.

-¿Cuál es la divisoria de aguas entre una ilustración para grandes y otra para chicos?

-No considero que haya demasiada división. Los chicos pueden apreciar y deshilachar la retórica desde lugares instintivos, mientras que los adultos ponen quizá a trabajar el intelecto o el bagaje cultural. Pero la imagen universaliza la inteligencia desde la poesía, desde la belleza. Y esa práctica es infalible.

-¿Cómo evaluás el nivel artístico de la ilustración en la actualidad?

-Es un buen momento, experimental y expansivo para la ilustración. Creo que finalmente hemos entendido que los ilustradores (también) somos seres pensantes, que podemos encabezar una columna de opinión sin siquiera escribir una letra. Mi deseo es que esto se promueva desde los medios, no por una cuestión de derechos, sino como un regalo sincero para el lector.

Clarín

11 de agosto 2016

http://goo.gl/1OOKZ1